21 de marzo de 2018

Semillas para sanar la sequía de emociones

Los discursos dominantes sólo cuantifican los impactos monetarios. Las voces de ‘abajo’ exploran otros sentires frente al fenómeno.

Leonardo Rossi

Caída de la balanza comercial. Falta de dólares. Merma en la recaudación. Algunos de los tópicos repetidos hasta el hartazgo en medios masivos de un variado tono editorial en torno a la sequía, su impacto en el ‘agronegocios’ y sus consecuencias. Posibles soluciones: seguros de mayor cobertura para los productores; promoción de variedades genéticamente modificadas resistentes a situaciones de estrés ambiental; más recursos públicos como salvataje para reactivar rápidamente la dinámica del sector.

 
Los aportes de la propia dinámica agronómica, hoy víctima, al actual escenario ecológico; las posibilidades de otros caminos agrícolas; las consecuencias ecológicas, culturales y sociales de este entramado escasamente son mencionadas, salvo excepciones, en las que suelen aparecer desconectadas.

La fe ciega en la ciencia hegemónica (con la biotecnología a la cabeza); la monetización de toda problemática; y la incapacidad absoluta de dimensionar nuestro umbilical vínculo con las esencias que nos hacen vida (agua, aire, tierra) se exacerban a niveles suicidas.

Desde abajo, otras tramas, pulsan y grafían los territorios, se resisten al ‘epistemicidio’ (Boaventura de Sousa Santos) que no cesa, recreado cada día en técnicos de la bolsa, especialistas en mercados a futuro y comunicadores todo servicio negador de una vasta historia ecológico-cultural que desafían a los ‘monocultivos de la mente’, que con tanta precisión definiera Vandana Shiva, acerca de los modelos agropecuarios impuestos a escala global de un par de décadas a esta parte.

Recrear, sentir, abrazar voces-cuerpos que marcan el necesario reencuentro con la tierra, nos pone de frente a una metáfora que se dispara en múltiples sentidos hasta regresar a una significación tácita: nos enfrentamos a una profunda Sequía. Sequía de pensares y sentires que deviene indefectiblemente en sequía de la vida en todo su complejo entramado. Abonar y sembrar el suelo de otras formas del ser y del conocer es una tarea urgente.

Resistentes al pensamiento crítico

La idea del desarrollo eterno cala profunda en los imaginarios colectivos. Referentes sociales, políticos y culturales de diversas raíces confían en una carrera infinita hacia alguna meta de inagotables bienes materiales. En materia productiva esto se traduce en una sangría incesante de la naturaleza.

Vale el repaso de algunos discursos que circulan de forma fluida acerca de hacia dónde se corre la frontera mental en busca de soluciones frente a la sequía:

-Poco se ha hecho en la utilización de herramientas que puedan mitigar el efecto devastador que una sequía o una inundación pueden provocar, como es el caso de canales que liberen las cuencas, los seguros multirriesgo o los subsidios directos a productores para evitar su quiebra.
(Clarín Economía, 25/02/2018)

-“Planteamos hacer algo para que los productores no queden fuera de la cancha ante el shock climático”, aseguró a este medio Miguel Fusco, economista de Aacrea. (Clarín Economía 1/3/2018)

-Si estuviera en el mercado, la soja resistente a sequía podría aportar casi cinco millones de toneladas más, o un piso de un 10 por ciento adicional, respecto de las proyecciones de cosecha que hoy circulan. (La Nación, 9/3/2018)

-“Esta variabilidad climática llegó para quedarse y para eso debemos contar con un sistema de seguros para hacer frente a cualquier catástrofe o problema climático” –Etchevehere– (Infobae, 13/03/2018)

Como respuesta, una directa y profunda reflexión que suele repetir Joan Martínez Alier, economista ecológico: la economía dominante, su teoría, su práctica, se olvidó de los flujos de energía y materiales, sus orígenes, su finitud. Las propuestas de las ¿mentes? del ‘agronegocios’ van por más, a como dé lugar, como si esos suelos y cursos de agua adonde a la soja y al maíz les cuesta cada temporada más y más su crecimiento estuvieran escindidos de la crisis hídrica, fenómenos climáticos extremos y reiterados, difusión de nuevas enfermedades, sistemático aumento de la demanda energética que pone en tensión todo el entramado sociocultural en el que también, se supone, habitan.

No todo entra en un Excel

Listar las consecuencias de la sequía abre infinitas posibilidades. Si como dice Arturo Escobar “‘sentipensar’ con el territorio implica pensar desde el corazón y desde la mente, o co-razonar”, en esa senda caminan activistas ambientales, campesinas y campesinos, agrónomos comprometidos con otra agricultura posible que invitan a desentramar el discurso de que toda pérdida es medible en números y, de modo preferencial, en dinero.

Luciana Gagliardo, de la ONG Conciencia Solidaria, plantea que la sequía implica una “degradación en términos ecológicos, que representan la debacle de la biodiversidad, la destrucción de nichos en particular y sus relaciones”, pero en sí es una problemática que atraviesa de forma circular aspectos como la “calidad de vida de las personas, la salud, la educación, los derechos humanos, entre ellos el agua, la identidad, la historia, los modos de producir”.

En ese hilo, Luis Narmona, técnico de Agricultura Familiar abocado a la agroecología en Córdoba, aporta: “irrumpe una sensación de frustración en el productor de alimentos de proximidad, un desaliento de la producción fruti-hortícola”, un colectivo del que poco y nada se habla en estos casos. En definitiva, dice, “se pone en riesgo la soberanía alimentaria”, un término no incluido en el diccionario del agronegocio.

El vínculo entre el modelo agronómico dominante y las catastróficas imágenes del suelo rural es directo. Lo señalan campesinas e indígenas rodeados de nuevos desiertos, lo atestiguan las poblaciones inundadas y las carentes de agua, además de bibliografía científica. Insistir en esa vía es cuanto menos carente de sensatez.

Celeste Rumié, de la Coordinadora en Defensa del Bosque Nativo de Córdoba, reflexiona: “El bosque nativo viene siendo desplazado por el avance de la frontera agropecuaria, primero por la ganadería y posteriormente por el monocultivo que desplaza a la misma actividad ganadera que sigue avanzando sobre los ecosistemas de bosques que nos quedan, reguladores de las condiciones climáticas, tanto de inundaciones como de sequías y también incendios”. Entonces, “a más desmonte, se profundizan los ciclos de sequías e inundaciones”. “La pérdida de bosques nativos y su función protectora de los vientos desecantes creo que tiene que ver con el modelo agrícola dominante, y con una cultura que también en su expansión urbana, primero, tala todo para lotear y luego o no repone o lo hace con especies exóticas demandantes de alta cantidad de agua”, agrega Narmona.

Para Gagliardo, habitante de Capilla del Monte, lo que define el modelo de agronegocios es “una especie de pulsión tanática”, en tanto es una praxis “incapaz de conectarse con la esencia de lo que la agricultura es que implica un modo de relacionarse con la tierra, con aquello que da vida”. “Siendo que la agricultura representa un aspecto fundamental de la cultura, no es casual, este modelo de producción que des-identifica al hombre del suelo; desarraiga, en términos simbólicos, y materialmente práctico”, sostiene.

Alimentar y sanar (con) la Tierra

Si algo brota en los ‘abajos’ es la esperanza. La convicción persistente de otras vidas-mundos posibles. Galgiardo apunta que además de la crítica central a quienes hegemonizan discursos y prácticas de los agronegocios, y en sentido ampliado, del capitalismo neoliberal, debemos enfocarnos “en mutar nuestros hábitos de consumo, transformar, por ende, los modos de producir, a partir de ‘una vuelta a los orígenes’ pero con todo lo ya aprendido”.

Si el actual modelo simboliza la extracción máxima de nutrientes y contaminación a granel de la tierra, Narmona llama a “volver a cuidar el suelo con la lógica de organismo vivo, recuperar-recrear-crear prácticas de manejo ecológicas para que pueda almacenar más agua”. Rumié completa la idea: “valorar la agroecología, la biodinámica, la permacultura, la pequeña escala, los emprendimientos familiares y comunitarios; autónomos y también las redes con apoyo estatal”. De estas experiencias, dice, “tan vivas, en todo sentido del término, hay dos puntos que valoramos principalmente: que producen alimentos sanos, verdaderos, soberanos, nutricios y el vínculo con el ambiente, con el todo, como siendo parte de la Tierra”.

En ese camino, el técnico agroecológico llama además a “recuperar el estrato arbóreo en el paisaje integrándolo de nuevo en el ecosistema rural y urbano para obtener los servicios ecosistémicos de protección y regulación hídrica que ofrece”. Asimismo, apunta a la necesidad de articulación campo-ciudad, dejando de lado las imaginarias rupturas de ecosistemas que indefectiblemente están entreverados. Marca así la necesidad de que en los espacios urbanos “se promueva la cosecha de agua de lluvia a nivel domiciliario para reducir la presión urbana sobre los acuíferos subterráneos y recursos superficiales hídricos”.

Para Rumié, “es de vital importancia comprender el fenómeno de la sequía desde este contexto”, para entender que “preservar los bienes comunes es auto-preservación y que alimentar el suelo, nos alimenta”.

La tierra desgajada, teñida de grises pigmentos, nos habla; escribe desde sus profundos latidos que otros lenguajes son necesarios para con ella; madre de la vida que aún se resiste a la profunda sequía de emociones que se esparce por su falda. En susurros, van otras voces recitándole poemas de sanación.

 
Fuente: La Tinta

 

7 de marzo de 2018

Mujeres rurales: invisibles, indispensables, sobreexigidas

Saludándolas en su día – 8 de marzo

Agricultoras de la comunidad de Digir Negwebur. Foto: Gubiler
 
En América Latina y el Caribe se observa un creciente protagonismo de las mujeres en el mantenimiento socioeconómico y cultural de sus comunidades. En Uruguay hay mujeres al frente de casi un 20% de las explotaciones agropecuarias, informa una nueva publicación de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que destaca los aportes de las mujeres rurales y los retos para avanzar hacia el pleno disfrute de sus derechos. El Atlas de las Mujeres Rurales de América Latina y el Caribe de la FAO presenta una radiografía en profundidad del estado de los derechos de las mujeres rurales, su seguridad alimentaria y nutricional, desarrollo económico y sus retos y oportunidades. Según esta publicación, en Uruguay un 19,7% de las explotaciones rurales tiene al frente una mujer, de acuerdo a datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Además, la misma fuente indica que la proporción de tareas no remuneradas que realiza una mujer rural es mayor a la de una mujer urbana, y mucho mayor que la de los hombres, sean urbanos o rurales. El estudio destaca en general que las mujeres juegan un rol fundamental en la transmisión del conocimiento, incluyendo la memoria histórica de los pueblos y los saberes técnicos como el manejo agroecológico, la selección de semillas, la reproducción de plantas y los usos medicinales de las hierbas. “Aunque hemos visto mejoras considerables relativas a los derechos de las mujeres rurales en los países de América Latina y el Caribe, todavía existen múltiples obstáculos que hay que superar para que las mujeres conquisten su plena autonomía”, explicó Claudia Brito, Oficial de Género de la FAO.

Según Brito, avanzar hacia el Objetivo de Desarrollo Sostenible 5 – lograr la igualdad de género – requiere fomentar una participación plena y efectiva de las mujeres en la toma de decisiones económicas y políticas en sus países. Además, es fundamental garantizar su acceso a los recursos económicos en condiciones de igualdad y valorar las labores no remuneradas que realizan, como la producción de alimentos para sus familias y el cuidado de niñas, niños, personas mayores y enfermas. Labores que no se reconocen Según el Atlas,uno de los elementos comunes que caracterizan la vida de las mujeres rurales en la región es la sobrecarga de trabajo, debido a una división sexual del trabajo que deja en sus manos los cuidados. La invisibilización del trabajo que realizan en el ámbito reproductivo, productivo y para el autoconsumo es otro factor clave, el cual se suma al bajo acceso que tienen a los medios de producción ylamenor calidad para la producción de las tierras que controlan.


Otro factor destacado por el Atlas son las dificultades que enfrentan para la participación política y su poca autonomía económica. “No podemos olvidar la precariedad y temporalidad de los trabajos que realizan las mujeres rurales, así como su bajo nivel de cobertura en los sistemas de protección social,lo que genera inseguridad económica. Tampoco podemos olvidar los múltiples casos de violencia contra ellas, y como eso afecta su desarrollo de múltiples maneras”, explicó Brito. Más pobres, más obesas y con peor seguridad alimentaria Según el Atlas, el ritmo de reducción de la pobreza ha sido menor para las mujeres de América Latina y el Caribe que para los hombres. En 2014, por cada 100 hombres viviendo en hogares pobres en la región, había 118 mujeres en similar situación. El panorama es aún peor si se consideran aspectos étnicos además del género: los ingresos de hombres no indígenas ni afrodescendientes son cuatro veces mayores que los de mujeres indígenas y dos veces mayores a los de las mujeres afrodescendientes. Según la FAO, la prevalencia media de inseguridad alimentaria severa y moderada afecta al 30% de las mujeres de la región, y a sólo al 25% de los hombres. La brecha de género es aún mayor en el caso de la obesidad: en más de 20 países la tasa de obesidad femenina es más de 10 puntos porcentuales mayor a la obesidad masculina
 
Agenda para el avance de los derechos
El Atlas recomienda avanzar en políticas nacionales de lucha contra la pobreza femenina, consolidando las transferencias de ingresos e implementando acciones intersectoriales de apoyo a las mujeres víctimas de la violencia. También destaca la necesidad de mejorar su acceso a la tierra y al agua mediante instrumentos como las Directrices Voluntarias para la Gobernanza Responsable de la Tierra, y mejorar la oferta de servicios financieros y apoyos a la producción con enfoque de género. El Atlas también recomienda avanzar en la implementación de la Estrategia de Género del Plan de Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del Hambre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), un documento que se ha convertido en una referencia para toda la región. Por último, destaca la necesidad de aumentar la participación social de las mujeres en las políticas públicas y mejorar los indicadores de género en el monitoreo de las políticas públicas, para que los países puedan construir instrumentos a su medida siguiendo los acuerdos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible

 
Nueva alianza sobre gobernanza e institucionalidad

Según la FAO, hoy existe un profundo desbalance entre las transformaciones que requiere la ruralidad en la región y la arquitectura institucional que tienen los países para impulsar estos cambios. Por eso creó una alianza para impulsar mejoras en la gobernanza e institucionalidad rural en los países de América Latina y el Caribe, y reunirá a un grupo de personas expertas de algo nivel con destacadas trayectorias en el sector público y privado, representantes de la academia, de empresas, organizaciones no gubernamentales y agencias multilaterales. Dicho grupo formulará un plan de trabajo de asistencia técnica que será implementado junto a los gobiernos de los paí- ses miembros de la FAO que expresen su interés en impulsar reformas en esas materias. Uno de los aspectos que deberá considerar la alianza será la exclusión histórica de actores claves en las políticas públicas de desarrollo regional, como agricultores familiares, pescadores artesanales, comunidades indígenas, jóvenes y mujeres.
 
Fuente: La República - http://www.republica.com.uy/mujeres-rurales-invisibles-indispensables-sobreexigidas/

 

4 de marzo de 2018

Diversidad de las comunidades de peces en dos áreas marinas protegidas del Caribe y su relación con el pez león

Cobián-Rojas, D., Schmitter-Soto, J. J., et al. 2018

Wa barbad (pez león) en aguas del Caribe de Gunayala, Panamá. Foto: Gubiler
Resumen:

Diversidad de comunidades nativas de peces de arrecife en dos áreas protegidas en el Mar Caribe y su relación con el pez león invasivo. Pez león (Pterois volitans) invadió la región del Caribe con el potencial para alterar la composición y la estructura de las comunidades nativas de peces de arrecifes de coral. El objetivo de este estudio fue analizar los índices de diversidad de estas comunidades de peces potencialmente afectadas por la depredación del pez león y comparar con datos previos a la invasión. El estudio se realizó en dos áreas marinas protegidas del Caribe (AMP): Parque Nacional Guanahacabibes (PNG), Cuba y Arrecifes de Xcalak (PNAX), México, Quintana Roo. Llevamos a cabo censos visuales de especies de peces en hábitats arrecifales durante las estaciones secas y lluviosas del período 2013-2015. Para esto, se definieron y evaluaron nueve sitios usando recuentos estacionarios. Nuestros resultados mostraron mayor riqueza de especies (43.47 ± 5.14) y abundancia media (0.76 ± 1.25) en PNG que en PNAX (40.22 ± 4.96, 0.19 ± 0.46, respectivamente). La diversidad disminuyó después de la llegada del pez león en un solo sitio de PNG y en dos sitios del PNAX, pero aparentemente, estos resultados están más relacionados con el efecto de la actividad pesquera que con la presencia del pez león. En base a los resultados y suponiendo que los cambios en las comunidades nativas de peces por peces león aún no se han detectado, recomendamos continuar las descripciones de la comunidad de monitoreo para detectar cambios futuros en comunidades nativas de peces.

 
Palabras clave: diversidad, especies invasoras, peces marinos, arrecifes de coral, efectos depredadores.

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8 de febrero de 2018

Pez Ol lo (bagre) - Hypostomus panamensis

Arcadio Castillo Díaz

Foto del pez Ol lo (bagre) el rio de Ibedi. Comarca de Madungandi. Feb. 2013.
El Ol lo, (en idioma guna) – bagre - Hypostomus panamensis (Eigenmann, 1922), se considera este pez de origen panameño.

Distribución: se encuentran desde Sur América y se extiende más hacia el norte de Costa Rica, en el Pacífico sur y son de agua dulce.

H. panamensis- son conocidos por las placas óseas espinosas que cubren todo el cuerpo y cabeza, excepto el vientre. Los labios tienen una forma de ventosa cubierta de papilas carnosas que rodean la boca. Las aletas pectorales y la adiposa tienen fuertes espinas, pero no son punzantes, mientras el primer radio de las aletas pélvicas y dorsal (tiene una espina dura más siete (7) radios blandos), esta engrosado, pero flexible. Su cuerpo presenta una coloración muy variable, desde manchas negras sobre un fondo marrón claro hasta una coloración prácticamente negra en todo su cuerpo.

Ecología: el Ol lo (Hypostomus panamensis) - habita riachuelos y ríos de poca o moderada velocidad entre 20 y 560 m de altura. Se fija frecuentemente en piedras de donde raspan su alimento de algas y microorganismos asociados. Por lo general se alimenta principalmente de detritos. Alcanzan una talla de unos 330 mm de longitud. Peces con una talla promedio de 15 cm LT, prefieren hábitats con canales o tributarios, mientras que tallas más grandes (más de 35 cm LT), se les encuentra en lagunas y ríos con más caudal, como el río Bayano.

Otra característica importante de estas especies es lo largo de sus intestinos, los cuales funcionan perfectamente para la digestión de materia orgánica e incluso hasta madera. Su estómago agrandado altamente vascular, les da cierta capacidad de absorber oxígeno, por lo que son muy resistentes a aguas estancadas o pobres en oxígeno, característica que les permite vivir fuera del agua hasta por 30 horas (Armbruster, 1998).

¿Por qué no cultivar especies nativas en nuestros ríos? Por ejemplo, como el Ol lo (H. panamensis). Falta trabajo para determinar el impacto potencial que podrían tener la introducción de especies exóticas, en el Caribe de Gunayala.

Se recomienda principalmente, implementar un monitoreo para recopilar datos sobre hábitos reproductivos y comportamiento como clave para determinar mejor el estatus de especies exóticas. Con esta información se podría prever si al igual que en los países Centroamericanos, donde especies exóticas que se encuentran fuera de su ámbito natural de distribución, se convertirán en una especie invasora[1].

Es importante hacer conciencia sobre el manejo que le estamos dando a nuestros recursos naturales, pues, si continuamos con acciones irresponsables como la introducción de especies exóticas, tanto animales como vegetales, ponemos en peligro, no solo nuestra biodiversidad ecosistemática, sino a nosotros mismos.

Son especies con poco interés pesquero o de cultivo en acuicultura. Pero son importantes en acuariofilia, tanto las especies capturadas en el medio natural como algunas de cultivo.

Sin embargo, la población de la comarca de Madungandi y otras comarcas gunas que se encuentran en el lado pacífico, han aprovechado la carne del Ol lo, (H. panamensis), por miles de años este recurso dulceacuícola.Distribución: se encuentran desde Sur América y su extensión más hacia el norte se sitúa en Costa Rica, en el Pacífico sur y son de agua dulce.

H. panamensis- son conocidos por las placas óseas espinosas que cubren todo el cuerpo y cabeza, excepto el vientre. Los labios tienen una forma de ventosa cubierta de papilas carnosas que rodean la boca. Las aletas pectorales y la adiposa tienen fuertes espinas pero no son punzantes, mientras el primer radio de las aletas pélvicas y dorsal (tiene una espina dura más siete (7) radios blandos), esta engrosado, pero flexible. Su cuerpo presenta una coloración muy variable, desde manchas negras sobre un fondo marrón claro hasta una coloración prácticamente negra en todo su cuerpo.

Ecología: el Ol lo (Hypostomus panamensis) - habita riachuelos y ríos de poca o moderada velocidad entre 20 y 560 m de altura. Se fija frecuentemente en piedras de donde raspan su alimento de algas y microorganismos asociados. Por lo general se alimenta principalmente de detritos. Alcanzan una talla de unos 330 mm de longitud. Peces con una talla promedio de 15 cm LT, prefieren hábitats con canales o tributarios, mientras que tallas más grandes (más de 35 cm LT), se les encuentra en lagunas y ríos con más caudal, como el río Bayano.

Otra característica importante de estas especies, es lo largo de sus intestinos, los cuales funcionan perfectamente para la digestión de materia orgánica e incluso hasta madera. Su estómago agrandado altamente vascular, les da cierta capacidad de absorber oxígeno, por lo que son muy resistentes a aguas estancadas o pobres en oxígeno, característica que les permite vivir fuera del agua hasta por 30 hrs. (Armbruster, 1998).
Porque no cultivar especies nativas en nuestros ríos ? Por ejemplo como el Ol lo (H. panamensis). Falta trabajo para determinar el impacto potencial que podrían tener la introducción de especies exóticas, en el Caribe de Gunayala.

Se recomienda principalmente, implementar un monitoreo para recopilar datos sobre hábitos reproductivos y comportamiento como clave para determinar mejor el estatus de especies exóticas. Con esta información se podría prever si al igual que en los países Centroamericanos, donde especies exóticas que se encuentran fuera de su ámbito natural de distribución, se convertirán en una especie invasora.

Es importante hacer conciencia sobre el manejo que le estamos dando a nuestros recursos naturales, pues, si continuamos con acciones irresponsables como la introducción de especies exóticas, tanto animales como vegetales, ponemos en peligro, no solo nuestras biodiversidad ecosistematica, sino a nosotros mismos.
Son especies con poco interés pesquero o de cultivo en acuicultura. Pero son importantes en acuariofilia, tanto las especies capturadas en el medio natural como algunas de cultivo.
Sin embargo, la población de la comarca de Madungandi y otras comarcas gunas que se encuentran en el lado pacífico panameño por ejemplo, han aprovechado la carne del Ol lo, (H. panamensis), por miles de años este recurso dulceacuícola.

 

 



[1] Caso pez león, que es del Pacífico ÍndIco

7 de febrero de 2018

Capítulo 1. ¿A qué viene el Convenio 169 de la OIT? ¿Autonomía para los pueblos o legitimización de la explotación?

"Los indígenas protegen cerca del 80% de la biodiversidad del planeta y son propietarios legales de menos del 11% de dichas tierras, según datos del Banco Mundial, lo que pone a los pueblos en una situación de vulnerabilidad y en un estado permanente de guerra frente a las empresas y gobiernos para proteger sus territorios".

Los territorios de los pueblos indígenas son en el mundo los locales donde todavía se preserva los recursos naturales cotizados por las empresas. Los indígenas protegen cerca del 80% de la biodiversidad del planeta y son propietarios legales de menos del 11% de dichas tierras, según datos del Banco Mundial, lo que pone a los pueblos en una situación de vulnerabilidad y en un estado permanente de guerra frente a las empresas y gobiernos para proteger sus territorios.
El Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre pueblos indígenas y tribales, junto con la declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas de 2007, ha sido la principal herramienta internacional sobre derechos de los pueblos indígenas. En la teoría, dicho Convenio garantiza a los pueblos de los países signatarios el derecho a su tierra y, por lo tanto, establece que para cualquier proyecto que empresas o gobiernos desarrollen en su territorio, debe realizarse una consulta libre, previa e informada.
El equipo de este reportaje recorrió el sur de México y todos los países de Centroamérica continental y registró diferentes situaciones y estrategias de empresas y gobiernos para implementar megaproyectos en los territorios indígenas.
Una de las situaciones recurrentes es que las empresas y el Estado invaden los territorios, sin establecer ningún tipo de diálogo con la comunidad, negociando las tierras individualmente. La contaminación o destrucción de los recursos, la violencia por los conflictos por el territorio ha generado la expulsión de los indígenas. En estas situaciones, gran parte de los pueblos visitados invocan el Convenio 169 de la OIT en su lucha política y jurídica, para exigir el derecho a ser consultados.
Existen aquellos pueblos que logran soportar la presión de toda naturaleza y declararse territorio libre de los megaproyectos. Estas situaciones exigen una organización y una cohesión muy grande de la comunidad, ya que no tienen respaldo jurídico, para no permitir que las empresas entren en sus territorios.
Otra situación es que cuando los pueblos logran iniciar un proceso de consulta, se observa que estos procesos en casi su totalidad no respetan la autodeterminación de los pueblos y generan conflictos tan violentos como los generados en la primera situación: muertes, persecuciones y destrucción del tejido social de las comunidades.
La consulta está cada vez más presente también en el discurso de los Estados y empresas, incluso es requisito para que se logre financiamiento de las instituciones internacionales, como el BID y el Banco Mundial, que se jactan en sus relatorías e informes publicitarios de respetar el derecho de decisión de los pueblos indígenas, una forma de justificar la presencia de sus inversiones en el territorio a partir de un consentimiento del pueblo. En realidad, en los casos en que se realiza la consulta, el Estado y las empresas persisten en desconocer los resultados que no les son favorables, manipulan a líderes, en algunos casos son sometidos a juicio y en otros ejecutados, como fue el caso de Berta Cáceres, en Honduras.
Como el Convenio 169 sigue siendo la principal herramienta del Derecho Internacional, y es frecuentemente invocado por los pueblos en sus luchas, este trabajo reportará cómo las consultas están llegando a los territorios de dos pueblos indígenas, cuáles son las implicaciones y conflictos generados. Son pueblos que están en fases distintas del proceso de consulta. Los Broran, en Costa Rica, donde hay un proceso nacional de construcción de un protocolo de consulta y los Garífunas, en Honduras, donde se está finalizando las votaciones por el Congreso Nacional de una ley para regularizar el proceso.

- Foto por Renata Bessi.
Fuente: Avispa.orghttps://avispa.org/consulta_indigena/index.html

3 de febrero de 2018

OGOB – COCO (Cocos nucifera, L.) Y SUS MULTIPLES COMBINACIONES: ¿DEPENDENCIA ECONOMICA-SOCIAL DEL PUEBLO DULE?

Geodisio Castillo
geodisio@gmail.com

INTRODUCCIÓN

OGOB o coco en castellano, viene cultivándose desde hace miles de años y su dispersión es tan amplia que en la actualidad existe un fuerte debate sobre su centro de origen geográfico (Ohler, 1986; Purseglove, 1968). Sin duda es el cultivo arbóreo más importante del planeta tierra, con alrededor de 3,000 millones de hectáreas cultivadas, que involucra a más de 13 millones de personas relacionadas directa o indirectamente con los productos de esta palma (Borgtoff y Balslev, 1993).


Niño cargando ogob a hombros. Foto 1: Gubiler
Ogob, coco, cocotero o palma de coco pertenece a la familia de las Arecaceae, conocido como, “árbol de los cien usos”, “árbol de la vida”, entre otros, por los muchos productos útiles que proporciona (Ohler, 1986).
Es una de las palmeras más cultivadas en el mundo. Se cultiva en más de 86 países de zonas tropicales y sub tropicales, fundamentalmente en Indonesia, India, Malasia, Filipinas, Islas del Pacífico, Centroamérica y el Caribe, países del sudeste de Asia y África tropical, siendo un importante sector económico en los países productores. Generalmente se cultiva en grandes o pequeñas plantaciones de tipo de nainu familiar. Las principales áreas productoras están ubicadas en las áreas costeras.

El cultivo constituye una fuente para obtener muchos productos para la vida del hombre tales como: materiales para el fuego, recursos para fabricar vivienda, aceite y proteína de alto valor nutritivo. La pulpa seca llamada copra, contiene gran cantidad de aceite, que a la vez se emplea como materia prima para la fabricación de margarinas, grasas vegetales y jabones finos de tocador. La torta que queda como subproducto se usa en la alimentación del ganado y aves. El cascarón duro que queda al separarse el albumen se utiliza en artesanía y para la obtención de carbón activado; así mismo el mesocarpio fibroso es fuente de una buena fibra utilizada en la fabricación de colchones, alfombras, sustrato para cultivos, etc.

El cultivo de ogob, coco o cocotero, ocupa un lugar muy importante en el proceso de desarrollo económico-social del pueblo dule, como cultivo comercial para obtener divisas[1] o como mayor fuente económica (Castillo y Beer, 1983). Si bien en éstas últimas décadas ha mermado grandemente la producción por factores de carácter fitopatológicos y su vejez (senil) que afectan a las plantas, pensamos que, en el descenso de la producción, también afecta el proceso de transición de la familia extensa hacia la familia nuclear de la sociedad dule, a grupos nucleares (Alvarado, s.f.).

Al disminuir las unidades de trabajo o mano de obra disminuye la capacidad de producción, por tener menos mano de obra que puedan atender el mantenimiento del cultivo. Además, de esta problemática agregamos la dependencia a que ha llevado el cultivo por el mercado colombiano. Desde entonces hasta la actualidad la baja producción agrícola en la Comarca.

El éxito económico del cultivo depende del precio que alcance el producto en el mercado. Entonces, el manejo del cultivo requiere cierta técnica de conocimiento dule y occidental que es necesario saber, innovar o adaptar, para alcanzar el éxito esperado.

UN CULTIVO TROPICAL: ORIGEN Y DISPERSION

OGOB (Cocos nucifera, L.), es una planta antigua esparcida en casi todos los países tropicales y subtropicales de África, Caribe y América del Sur del continente de Abiayala. De esta especie no se conocen individuos silvestres. Su mayor variabilidad se presenta en el sureste asiático y en segundo lugar en el Caribe. Hay muchas variedades que generalmente son reconocidas sólo en la localidad en donde prosperan.

El origen de la palma de ogob, parece no haber sido resuelto; oscuras dudas aún quedan sobre su origen: ¿es originario de Abiayala o asiático? (Ohler, 1986; Purseglove, 1968). Algunos autores argumentan que el ogob tiene origen de Abiayala otros que el origen es asiático (Candolle, 1955; Ohler, 1986). Igual discusión existe si el ogob es de origen Sur o Centroamérica de Abiayala (von Martius, 1823).

En los tiempos de la invasión española y/o europea, el ogob, únicamente no se encontró por el Pacífico de América Central, también se encontró por el Atlántico de nuestro trópico (Ohler, 1986). Según Ohler (1986), ambas costas tienen presencia de ogob, observándose claramente que las costas del Atlántico tienen cocoteros semejantes a las “Alta Jamaica”, mientras que en las costas del Pacífico está presente el coco “Alta Panamá”, que es bastante análoga a una de la variedad que crece en Jamaica, denominada San Blas. La variedad San Blas crece en la región de San Blas (actual Gunayala), en el Caribe.

La dispersión del ogob a través del Pacífico parece haber ocurrido desde Nueva Guinea a la Polinesia y de aquí a Abiayala Tropical, no obstante que la distancia entre ellas es considerable. Heyerdahl (1953, citado por Ohler, 1986), opina que los indígenas de Abiayala habían llevado los cocoteros a las islas del Pacífico en sus desplazamientos por mar.

Según Harries (1977), se conoce que los cocoteros presentes en las costas del Atlántico de Abiayala proceden de la isla de Santiago en el archipiélago o península de Cabo Verde, introducidas por los españoles hacia 1549. Y no desde Panamá, donde los cocoteros son de otra variedad distinta.

Algunas especies son originarias de este continente, encontradas en estado silvestre. Entre ellas se encuentra el ogob “San Blas” (Castillo y Beer, 1983; Fremond, et al., 1966; Harries, 1977, citado por Ohler, 1986; Ohler, 1986; Purseglove, 1972). La domesticación y/o producción del ogob “San Blas” comienza a mediados del siglo XIX, cuando la población dule comienza su presencia, y se convierte como un cultivo más que se suma a la dieta del pueblo.

BREVE RESEÑA HISTORICA

La migración del pueblo dule a mediados del siglo XIX a la costa del Caribe a la actual Comarca de Kuna Yala (Gunayala), fue favorecida a finales del siglo. Eso debido que para esta época final del siglo el empleo del aceite de ogob para fabricar margarina, tuvo una gran demanda, favoreciendo mucho el establecimiento de plantaciones de ogob en la región (Ohler, 1986).

Esto puede explicar por qué las edades de las plantas resulten caducas y de baja productividad, alcanzando 100 años o más, afectando la producción del ogob en Gunayala. Y a pesar de esta realidad nuestros agricultores son renuentes a cortarlos mientras sigan produciendo, y, es que además es un hermano.

Es por eso, la necesidad de rehabilitar el cultivo. La rehabilitación incluye el manejo adecuado del control de malezas, uso de fertilizantes naturales e intercalaciones, bajo nuestro sistema agroforestal de nainu a escala familiar. Sin embargo, para el buen desarrollo de la planta se debe conocer su historia, su condición, el suelo, entre otros.

Nos narran[2] que, en la Comarca, la economía era solidaria, es decir, había intercambio interno de productos agrícolas y otros productos de consumo familiar o de uso doméstico, no hubo necesidad de comprarlos. Las costas se encontraban llenas de plantaciones de ogob y massunnad (plátanos) y otros cultivos menores, había diversificación de cultivos.

No es hasta los comienzos de la década del siglo XX, que los wagas (extranjeros) comenzaron a viajar por Gunayala. Entonces, es cuando el ogob, que por décadas sirvió de intercambio con otros productos agrícolas entre comunidades y/o habitantes, comenzó a servir como medio principal de intercambio o trueque con los wagas. Luego, en la década del año de 1930 y comienzos del 40, cuando llegaron a las costas de la Comarca los barcos para comprar o intercambiar ogob por mercancías, como la tela, joyas, machetes, rifles, hachas, corbatas, sombreros negros[3], utensilios de cocina, entre otros. Estos barcos, venían desde la ciudad de Colón o de Cartagena (Colombia).

El ogob bajo sistema agroforestal, a orillas de un río. Foto 2: Gubiler
Década para el pueblo dule, el cultivo de ogob, aún, no era considerado como algo lucrativo, es decir, como medio para acumular capital (dinero). En 1949, la exportación de ogob a Colombia fue estimada en casi 180 millones por año (Castillo y Beer, 1983).

Durante la segunda guerra mundial, la economía natural y solidaria dule sufre cambios. Estados Unidos que, antes compraba el ogob a Filipinas ya no lo hicieron, por la intervención de los japoneses. Y, es así, que Panamá fue escogido para reemplazar esta fuente de importación para Estados Unidos. Comenzó en Gunayala la compra de ogob en efectivo por US$0.10 (diez centésimos el dólar de Estados Unidos, equivalente a balboa), un nuevo tono económico entra en la Comarca. Y el Congreso General Guna acepta esta oferta.

Al acabar la guerra Estados Unidos abandona a Panamá y regresa a Filipinas a importar los ogob. Los cultivos de ogob en Gunayala quedan sin mercado. Pero para estos tiempos, llega a la Comarca la compañía “Hurraca Oil Company” a comprar ogob y convertirlo en copra por un valor de US$0.10 la libra. La copra, que es el núcleo de ogob al que se le quita la corteza, cortado y secado con calor o al sol. Este tratamiento no solo evita el costo de embarque por exceso de humedad sino también previene la descomposición del aceite (Rivera Hernández, et al., 2001).

El riesgo de que la copra se dañe era muy grande durante la estación lluviosa y el precio muy bajo. Para la compañía fue una pérdida, este tipo de compra, y cerró. Luego aparecen los colombianos, ofreciendo US$0.03 a US$0.05 centésimos por ogob, dependiendo de la estación.

El resultado de la venta del ogob por dinero, puso aspiraciones fuertes en la sociedad agrícola dule, que comenzaron a cambiar sus cultivos de massunnad por nainus de ogob. En dos a tres años, se declinó el intercambio de productos agrícolas que existían entre las comunidades. Y a los comienzos de 1950 llega el fin de la existencia de los trueques internos. Ahora, se compra todo, arroz, maíz, plátano y otros productos alimenticios con el capital acumulado. Tanto fue así, que 1964, la exportación de ogob a Colombia solo alcanzó 50 millones por año (Castillo y Beer, 1983).

En la actualidad la producción del ogob sobresale en las poblaciones costeras de la provincia de Colón y la comarca Gunayala, y sigue siendo fundamental para su economía y su alimentación.

El cultivo del ogob de la variedad tres filos, conocida como “San Blas”, es la especie que más se produce en la Costa Abajo de Colón y Gunayala. Solo en Colón se cultivan 156,785 plantas de ogob, de las cuales 112,000 están en edad productiva[4].

Lo que sigue después, se sabe y se vive en la actual Comarca Gunayala. De la dependencia del ogob, solo podemos salir diversificando los cultivos agrícolas. Volver a revalorar el sistema de producción agroforestal de nainu familiar.

DIVERSIDAD Y FORMAS

Se reducen a dos principales grupos: altas de fecundación cruzada (alógamas) y bajas de autofecundas (autógamas). La variedad “San Blas” pertenece al del grupo altas.

Periodo de vida – altas (criollo), 70 a 80 años (hasta 100 años), - bajas (manila) produce a los tres (3) años y vive aproximadamente 50 años. La criolla produce entre 5 y 7 años, después de ser trasplantadas.

El número de frutos por racimo es menor en la variedad alta que en la variedad baja. Las altas producen de 4 a 30 cocos por racimo, su producción anual es de 80 a 100 frutos por palmera.

La planta baja con promedio de vida más corto, su producción comienza más temprana. Contiene mayor número de frutos por racimo, que llega de 6 a 40 y de 150 a 200 cocos por año. Tiene una gran ventaja por poder cosecharse desde el suelo, lo que es imposible con las palmas de variedades altas.

MEDIO ECOLÓGICO

Clima y precipitación: ogob precisa una temperatura elevada y tan constante como sea posible; esto es alrededor de 27° a 30° C. como máximo y de 22° C. como mínimo. Requiere clima sin grandes variaciones térmicas, tanto durante el día como por la noche. No florece bien en climas con temperatura por debajo de los 21° C.

Tipo pluvial tropical, en donde la precipitación resulta el factor climático más importante, tanto por su magnitud como por su distribución a lo largo del año. Pluviosidad de 1,200 mm.  2,500 mm. de lluvia anual. Acepta mayor cantidad de precipitación, siempre y cuando haya buen drenaje del suelo que permita evacuar el exceso.

Necesita una luminosidad de 2,000 horas al año para su buena producción. No florece bien en zonas de cielo nublado.

Humedad relativa: para el cultivo la mínima mensual no ha de ser inferior al 60% de saturación y la humedad óptima está alrededor del 80% de saturación.

Altitud: la altura snm (sobre el nivel del mar) tiene marcada influencia para los efectos del cultivo de ogob que no vayan más allá de los 600 m. snm.

Suelos: ogob crece en diferentes tipos de suelos; siempre que tengan buenos drenajes y una aireación adecuada y libre crecimiento de raíces.

Textura: desde suelos arenosos con 97% de arena, suelos pesados con 70% de arcilla e incluso, en suelos con cerca del 80% de materia orgánica, las de aluvión (suelos de bancos), ubicados en los márgenes del río. pH 5.2 a 8.0

Vegetación: podemos encontrar al cultivo de ogob entre agligan (manglares) – agli ginnid (Rhizophora mangle), agli sissid (Avicennia germinans), y, otros. También lo encontramos, entre masargan (caña blanca – Gynerium sagitattum), demar nur (uvita de playa – Cocoloba uvifera), entre otros.

UN CULTIVO DE MÚLTIPLES ASOCIACIONES

Según Nair (1979), en su trabajo sobre pluricultivo intensivo con ogob en la India, se debe entender que el multicultivo/policultivo, cultivos mixtos o cultivos multiestratificados es el sistema general de plantar más de un cultivo en la misma tierra. El intercultivo se utiliza para el cultivo de plantas anuales o bienales entre los ogob y por cultivos mixtos se entiende el de arbustos y árboles perennes debajo de los ogob. El cultivo en varios pisos o estratos (multiestratificado) se refiere a una combinación de cultivos debajo de los ogob que crecen a distintas alturas y que poseen diferentes tipos de sistemas radicales por lo que aprovechan diferentes profundidades del suelo.

Paisaje natural de ogob en isla y haciendo turismo. Foto 3: Gubiler
Si notamos lo anterior estamos definiendo una agricultura de nainu[5] familiar con presencia de ogob y otros cultivos en diferentes estratos. Este sistema de cultivo mixto o de nainu, también incluye a los cultivos de cobertura y abonos verdes.

Para conocer bien la aptitud del ogob de asociarse con otros cultivos, es necesario conocer la morfología de su raíz.

Raíz - raíces delgadas, largas y en gran cantidad. Radicales en la zona superficial, su papel es absorber minerales. No llevan pelos absorbentes. Existen dos clases de raíces: cilíndricos sinuosas de 1 cm. de diámetro y 1 a 2 m. de longitud; las de segundo orden, llevan raíces superiores y terminan en radicales. Llegan a una profundidad de 30 y 120 cm. La zona de mayor actividad de las raíces se concentra en sus raíces superficiales en un radio de 2 m. desde la base de la palma. Su sistema radical se le conoce como adventicia.

Intercalación de cultivos. Hay infinidades de cultivos probados en experimentos, otros tradicionalmente practicados, que pueden intercalarse entre la palma del ogob o palmas. Se pueden practicar intercalaciones en pequeñas parcelas (nainugan) de 0.1 a 0.4 has. o más, en interfaces de edad de palmas de ogob entre 30 – 40 años, para la variedad “alta” el espacio normal entre plantaciones es de 7.5 x 7.5 m.

En la India, Malasia, Filipinas y Nueva Guinea se encuentran la asociación ogob + siagwa (coco + cacao), donde se ha aprovechado las antiguas plantaciones de ogob para intercalar o mezclar el siagwa (Theobroma cacao).

En Malasia el ogob no solo se encuentra asociado con el siagwa, sino con otras especies de cultivos de ciclo corto, como el oba (maíz), gaa (chile picante), coliflor, lechuga, tomate, entre otros. Y con algunos de ciclo largo o perennes, tales como, masi (bananos o plátanos), osi (piña), gabi (café), principalmente.

Para la asociación siagwa + ogob, se considera que por lo menos se necesita un mínimo de 2.5 has. para establecer una plantación rentable. La asociación siagwa + ogob, aparte del comportamiento satisfactorio de ambos, hay efectos de sinergismo en la combinación.

Investigaciones preliminares sobre los microorganismos de la rizófera indican que las mezclas de estos cultivos favorecen la alta incidencia de microorganismos tanto en el ogob como en el siagwa, siendo mayor la incidencia cuando el siagwa se cultiva en doble hilera entre el ogob. Entre los microorganismos encontrados están los fijadores de nitrógeno Beijerinckia sp., solubilizadores de fosfato Pseudomas sp., entre otros.

Cultivos multiestratificados. La asociación mango + ogob + masi, es un ejemplo típico de un cultivo multiestratificado. Los diferentes cultivos sembrados o intercalados para establecer la multiestratificación de cultivos con el ogob se pueden apreciar en la foto 2.

Es importante conocer las diferentes fases de crecimiento del ogob para un cultivo intensivo. Del ogob se conocen tres fases de crecimiento que pueden ser aprovechados para intercalar los cultivos anuales o perennes.

En la primera fase que es de crecimiento, que dura unos 8 años, se pueden intercalar cultivos anuales o perennes temporalmente, cultivos que no necesitan sombra. Luego al pasarse a su segunda fase, que dura entre 8 a 25 años, se puede dejar de intercalar los cultivos, para su desarrollo normal. Y al final cuando el cultivo pase a su tercera fase, de 25 años en adelante, se puede intercalar cultivos adaptados a sombríos, el cultivo del ogob puede multiestratificarse, p. e., ogob + pimienta negra + siagwa. Otros buenos ejemplos lo encontramos en Gunayala: ogob + gay (caña de azúcar) + masi, ogob + mango + dargwa (otoe) + gay, ogob + osi + swiddi (guanábana), ogob + aswe (aguacate) + wagub (ñame) + moe (zapallo), ogob + agli (manglar) + frutales + naiwar (bellota), entre otros.

DENSIDAD Y NUTRIENTES

La densidad de los cultivos de ogob se debe tomar muy en cuenta. Aunque para el ogob no existe una recomendación general para el espaciamiento, ya que la densidad correcta depende de varios factores que varían de una zona a otra, como la disponibilidad de agua, el suelo, la variedad, el policultivo, ente otros (Ohler, 1986).

Es porque el sistema radicular tiene un arreglo geométrico complejo, que está cambiando constantemente, y es probable que ocurra una competencia entre las raíces vecinas por los nutrientes.

Al intercalar los cultivos sin un abonado natural adecuado puede agravar el proceso del agotamiento de nutrientes en el suelo. Produce un grave amarilleo de los oogob debido a la deficiencia de nutrientes.

Incluso un sistema de raíz bastante escaso puede ser capaz de agotar el suelo rápidamente de casi todos los nutrientes disponibles. La toma de nutrientes puede no verse afectada por la densidad de la raíz, dentro del rango normal de densidades (Andrew & Newman, 1970; Cornforth, 1968).

Los nutrientes dependen del rendimiento y de la gestión agrícola; es decir, como ejemplo, la parte de los nutrientes eliminados al sacar las nueces cosechadas pueden devolverse enterrando las cáscaras en el suelo, utilizándolas como abono orgánico o quemándolas y distribuyendo las cenizas en el nainu. Las hojas o parte de ellas pueden ser utilizadas como combustible o para techar chozas, esto ayuda a aumentar la cantidad de nutrientes eliminados.

ENFERMEDADES DEL OGOB

Existente plagas y enfermedades que atacan al ogob. Uno de los más letales de las enfermedades es la Porroca. Muñoz (1994) reportó la aparición del Porroca por primera vez en Panamá en 1976 cerca de la frontera con Colombia, próximo a la comunidad de Puerto Obaldía; palmas con síntomas similares aparecieron en la Provincia del Pacífico de Darién en 1988.

La enfermedad se ha ido expandiendo a través del istmo de Panamá en la última década. Se caracteriza por la producción de hojas tiesas, enanas, usualmente conlleva a la muerte de las palmas en un lapso de dos años (Gilbert & Parker, 2008).

Según Gilbert & Parker (2008), la propagación de la Porroca puede ser evitada simplemente al morir la palma, o la incidencia de la enfermedad puede aumentar muy rápido, afectando rápidamente hasta la mitad de las palmas en una isla. Medidas locales, pueden ser utilizadas para controlar la enfermedad y plagas tales como el corte selectivo y el uso del humo, pueden no ser medidas efectivas para el control de la enfermedad en plantaciones pequeñas e individuales.

Gilbert & Parker (2008) indican que no hay evidencia que Porroca pueda ser transmitida a través de semillas, y tal transmisión es poco probable ya que la producción de fruta cesa rápidamente con el inicio de los síntomas. No se conoce si Porroca puede afectar otras palmas en la agricultura o en ecosistemas forestales.

CONSIDERACIONES FINALES

Queremos poner énfasis en que el monocultivo del ogob nos ha tornado dependiente de los precios externos (Colombia). Si pensáramos como un occidental que para su manejo adecuado necesitaremos de insumos también externos de precio creciente (fertilizantes y agroquímicos en general), costes que no están al alcance de nuestro pequeño agricultor.

Por lo tanto, el sistema estratificado o agroforestal de nainu parece ser la alternativa para mejorar la producción del ogob, que hemos dejado de un lado para dejarnos depender. Además, el uso limitado de las variedades del ogob, hará que la producción sea vulnerable a la aparición de plagas y enfermedades de gran magnitud.

La producción del ogob sumado a la producción de frutas, leña, madera, medicina, textilería, entre otros, ofrecen a nuestro agricultor una mejor estabilidad económica y psicológico que de hecho se practica en forma natural. Con este sistema contribuimos a mantener estable nuestro ecosistema. Mantener y desarrollar nuestro sistema agrícola de nainu no detiene el progreso, sino que nos hace el futuro posible. Porque el desarrollo es construir el futuro.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

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Andrew, R. E., E. I, Newman, 1970. Root density and competition for nutrient. Oecol. Plan 5, 319-334

Borgtoft, P. H.; Balslev, H. 1993. Palmas útiles. Especies ecuatoriales para agroforestería y extractivismo. Ediciones ABYA-YALA. Quito, Ecuador. 158 pp.

Candolle, A. de., 1955. Coconut palm (Cocos nucifera) Linnaeus. In: Origin of cultivated Plants. Extracted from The Tropical Agriculturist – vol. 4-1884-1885. Ceylon Coconut Quarterly 6, 3-4, p. 112-115

Castillo, G. y Beer, J. W., 1983. Utilización del bosque y de sistema agroforestales en la región Gardi, Kuna Yala (San Blas), Panamá. CATIE-UNU, Turrialba, Costa Rica

Cornforth, I. S., 1968. Relationships between soil volume used by roots and nutrient accessibility. J. Soil Sci. 19, 291–301

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Harries, H. C. 1977. The Cape Verde region (1499 to 1549): the key to coconut culture in the western hemisphere. Turrialba 27 (3): 227-231.

Martínez, A. y Enriquez, G., 1981. La sombra para el cacao. Turrialba, Costa Rica: CATIE. Programa de plantas perennes. 19-22 pp. (Serie Técnica, Boletín Técnico No. 5).

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Ohler, J.G., 1986. El cocotero, árbol de vida. FAO, Roma. 347 p. Estudios FAO: Producción y Protección Vegetal 57

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von Martius, C. F. P., 1823. Historia Naturalis Palmarum. Munich, 1823-50.


[1] El dólar estadounidense, la divisa mundial
[2] Comunicación colectiva, Congreso Tradicional, Corregimiento No. 1, 10 al 14 de agosto de 1985. Comunidad de Digandiggi (Niadub), Kuna Yala
[3] Desde entonces, el uso del sombrero negro al igual que la corbata se convierten en costumbre o uso tradicional de los saglagan y sagladummagan (jefes de las comunidades y “caciques”)
[4] Mirta Rodríguez P. La Estrella de Panamá. Cuba ayudará a Panamá a mejorar su cultivo de coco, 14/09/2017. http://laestrella.com.pa/vida-de-hoy/planeta/cuba-ayudara-panama-mejorar-cultivo-coco/24022658
[5] Nainu, semánticamente significa “tierra propia” y/o parcela de siembra (Castillo y Beer, 1983)