16 de agosto de 2017

Los Pueblos Indígenas protegen el 80% de la biodiversidad del planeta

A pesar de eso, son propietarios legales de menos del 11% de dichas tierras. Recordémoslos en el Día Internacional de los Pueblos Indígenas.

(Foto: El País)
En la actualidad hay alrededor de 300 millones de personas que pertenecen a pueblos nativos. Aunque constituyen aproximadamente el 4,5% de la población mundial, representan cerca del 10% de los habitantes con menos renta del planeta, explica el Banco Mundial. En América habitan 50 millones de personas que se autodefinen indígenas.

El Día Internacional de los Pueblos Indígenas se celebra cada 9 de agosto, así que hoy es una buena oportunidad para recordar su situación y el papel que juegan en el planeta.

Los pueblos nativos protegen en su territorio cerca del 80% de la biodiversidad del planeta, pero son propietarios legales de menos del 11% de dichas tierras, subraya el organismo especializado de las Naciones Unidas.

¿Qué podemos aprender de las sociedades indígenas contemporáneas sobre usos del bosque y la biodiversidad?

Investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona convivieron durante año y medio con tres grupos nativos en Borneo, la cuenca del Congo, y la Amazonia. En este viaje de campo analizaron sus rutinas, prácticas sociales, y formas de interactuar con el medio ambiente. Concluyeron que:

  Foto: El Diario de Buenos Aires
-Los pueblos indígenas utilizan los bosques tropicales de forma difusa; muchas áreas son raramente utilizadas. Este tipo de uso del espacio tiene gran potencial para la conservación.

-Los pueblos indígenas se enfrentan hoy a cambios culturales y económicos que amenazan su estrecha relación con el medio ambiente.

-Las políticas de conservación de los bosques tropicales deben incorporar la cultura local, adoptando un enfoque biocultural.

-Las políticas de conservación destinadas a crear alianzas con los pueblos indígenas deben tener en cuenta los desafíos que estas poblaciones enfrentan y promover el reconocimiento de sus derechos como una de las formas de potenciar la conservación.

-Promover la transmisión del conocimiento ambiental local entre generaciones es crucial para evitar que la gente pierda consciencia de los cambios que ocurren en el ecosistema.

Sus Derechos

La Organización de los Estados Americanos ha aprobado este año la Declaración americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, considerado un hito pues hace 17 años se está buscando esta reivindicación.

Foto: El País
Estos son los Puntos clave:
  1. Los indígenas tienen derecho a la libre determinación.
  2. Igualdad de género: las mujeres indígenas tienen derechos colectivos indispensables para su existencia, bienestar y desarrollo integral como pueblos.
  3. Las personas y comunidades indígenas tienen el derecho de pertenecer a uno o varios pueblos indígenas, de acuerdo con la identidad, tradiciones y costumbres de pertenencia a cada pueblo.
  4. Los Estados reconocerán plenamente su personalidad jurídica, respetando las formas de organización y promoviendo el ejercicio pleno de los derechos contenidos en la Declaración.
  5. Tienen derecho a mantener, expresar y desarrollar libremente su identidad cultural.
  6. Tienen derecho a no ser objeto de forma alguna de genocidio.
  7. Tienen derecho a no ser objeto de racismo, discriminación racial, xenofobia ni otras formas conexas de intolerancia.
  8. Tienen derecho a su propia identidad e integridad cultural y a su patrimonio cultural.
  9. Tienen derecho a la autonomía o al autogobierno en cuestiones relacionadas con asuntos internos.
  10. Los pueblos indígenas en aislamiento voluntario o en contacto inicial, tienen derecho a permanecer en dicha condición y vivir libremente y de acuerdo a sus culturas.
  11. Tienen los derechos y las garantías reconocidas por la ley laboral nacional y la ley laboral internacional.
  12. Tienen derecho a las tierras, territorios y recursos que tradicionalmente han poseído, ocupado o utilizado o adquirido.

Foto: Diario Octubre
 
Los Pueblos Indígenas ahora

La Unión Europea (UE) denunció ayer que siguen produciéndose violaciones de Derechos Humanos contra pueblos indígenas, como asesinatos y abusos contra activistas, a pesar de «los muchos avances en el reconocimiento» de sus derechos. La Alta Representante de Política Exterior de la UE, Federica Mogherini, anunció que antes de que finalice el año la UE tiene la intención de redactar un resumen de sus políticas y acciones de apoyo a los pueblos indígenas, así como un catálogo de buenas prácticas. Lo esperamos.

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12 de agosto de 2017

¿Hacia dónde vamos los pueblos indígenas en Abya Yala?

Ollantay Itzamná

A una década de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos, y a casi tres décadas de la aprobación del Convenio 169º de la OIT sobre el tema, el 9 de agosto (Día Internacional de los Pueblos Indígenas), es ocasión para reflexionar hacia dónde vamos los pueblos indígenas en América Latina.

Foto: Gubiler
Los diferentes derechos colectivos e individuales de los pueblos indígenas (derecho a la autodeterminación, a tierra y territorio, a la consulta previa y libre, a la identidad cultural, etc.) ya tienen mayoría de edad como normas jurídicas vigentes a nivel internacional y nacional.

Pero, las condiciones de vida y oportunidades no han mejorado para la gran mayoría de los pueblos indígenas. Los informes oficiales sobre condiciones de vida, tanto de entidades nacionales, como internacionales, en la región, muestran signos positivos a nivel global. Pero, en los diferentes países de la región, las poblaciones indígenas continúan con un promedio de 70 u 80% de empobrecimiento.

Es más, en países con mayoría demográfica indígena como Guatemala, Perú o Bolivia, las familias indígenas, en la actualidad, subsisten en peores condiciones que en épocas de la Colonia (cuando por lo menos tenían acceso a tierra-agua y disponibilidad de fuentes de vida). Ni hablar de las condiciones laborales de neoesclavitudes en las que jornalean en los monocultivos agrícolas de la región

¿Qué pasó con los derechos declarados entonces?

Los derechos declarados, mientras no haya sujetos que la ejerza y defiendan, y autoridades que garantice su cumplimiento, no cambia casi en nada la realidad cotidiana de los pueblos.

Si bien, en los últimos años, la autodefinición de personas como indígenas cobró fuerza en segmentos demográficos crecientes de países multiculturales, en especial. Sin embargo, esa conciencia identitaria no necesariamente significó una clara conciencia política de “ser indígena” en países racializados. Y, en consecuencia, la emotiva autodefinición de las personas como indígenas no necesariamente implicó el ejercicio individual y/o colectivo de los derechos sociopolíticos indígenas. Somos sujetos “culturales” sí, pero aún siervos “apolíticos”.

A nivel general, en países multiculturales como Guatemala o Perú, la “lucha” de la gran mayoría de actores indígenas no ha superado el culturalismo folclórico “apolítico”. Permitido y aceptado por el hegemónico sistema neoliberal.

Peor aún, en países como Perú, los aborígenes no se autodefinen como indígenas, sino como campesinos (una categoría social ideológicamente construida para implantar el mestizaje rural).

En países como Bolivia, Ecuador, México, algunos movimientos indígenas y/o núcleos organizados con conciencia política están o han dado saltos significativos del ejercicio de los derechos culturales al ejercicio de los derechos sociopolíticos. Pero, incluso en dichos países los resultados evidentes para cambiar las condiciones de colonialidad y de dominación de los pueblos indígenas son aún insipientes.

En países como Nicaragua o Bolivia, los actuales gobiernos progresistas han logrado titular grandes extensiones de tierras para indígenas, bajo propiedad colectiva. Es más, en el caso de Nicaragua, el 33% del total del territorio nacional está legalmente reconocida como territorio autónomo indígena (con tierras tituladas), con sistemas de autogobierno propio. Pero, justamente son estas zonas autonómicas las más empobrecidas y marginadas del país. Entonces, al parecer, las autonomías indígenas tampoco son panaceas per se, para avanzar hacia el Buen Vivir.

Los derechos individuales y colectivos para las y los indígenas están reconocidos y declarados. Pero, hace falta que las y los indígenas organizados o no, demos el salto de la cómoda autodefinición indígena (que incluso nos da algunos privilegios en un mundo amante de lo exótico) hacia el ejercicio de los derechos sociopolíticos indígenas, de manera coherente.

Los bicentenarios estados criollos o mestizos no van a implementar más leyes a favor de pueblos indígenas. Es más, como en el caso de Guatemala o Perú, el derecho a la consulta previa ya fue manipulado para que las comunidades digan sí a las empresas (pero son pocos los indígenas que protestan).

Transitar del culturalismo al ejercicio de derechos políticos implica constituirnos en sujetos políticos para repensar los estados racistas y construir nuevos estados para todos/as. Estados plurinacionales lo llaman.

Esto implica que los movimientos y pueblos indígenas construyamos nuestros propios instrumentos políticos (organización política) incluyentes para disputar el poder electoralmente a los poderes oficiales, e impulsar procesos de asambleas constituyentes plurinacionales. Pero, con métodos y contenidos que superen el individualismo metodológico y el capitalismo suicida.

Los derechos de los pueblos indígenas tienen que ser el fundamento, argumento y horizonte que haga realidad las postergadas transformaciones estructurales en beneficio de los pueblos. No puede ser únicamente el vehículo discursivo o laboral para el ascenso socioeconómico de unos pocos indígenas. Y, en esto, la responsabilidad mayor lo tenemos las y los indígenas que fuimos formados o malformados en la academia occidental, y todos cuantos ocupan responsabilidades en las academias y en las ventanillas de los estados y de la cooperación internacional.

Fuente: ALAI – América en Movimiento - http://www.alainet.org/es/articulo/187356

11 de agosto de 2017

Intentan someternos porque las semillas campesinas siguen vivas

Camila Montecinos (GRAIN)

Durante el siglo XX y lo que llevamos del siglo XXI ha habido esfuerzos por imponer las semillas comerciales —las procedentes de las empresas y cada vez más desde las transnacionales— y por dificultar y reemplazar las semillas campesinas. Ahora el objetivo es prohibir las semillas campesinas, guardando algunas en los bancos de germoplasma, pero en los hechos prohibir el uso de las semillas campesinas o hacerlo imposible.

Foto: Alex Naranjo
Éste es un proceso que comenzó en el siglo XX, que se reforzó con la Revolución Verde —cuyo mayor intento era imponer semillas procedentes de laboratorios y empresas— y hoy se agudiza, en especial mediante varias normas legales, distintas leyes relacionadas y su gran presencia en los tratados de libre comercio.

Un primer ejemplo contindente de leyes que intentan imponer las semillas comerciales y prohibir las semillas campesinas, o al menos desplazarlas, son las “leyes de derechos de obtentor”, de 1961, que hoy conocemos como leyes UPOV. Esas leyes dan sustento a un convenio internacional que al principio prácticamente ningún país suscribió, pero que hoy, por la presión, ha logrado involucrar a gran parte de los países del mundo. Tiene tres versiones, y es interesante ver las tres, porque demuestran que, la imposición de las semillas empresariales, la prohibición de las semillas campesinas, no tienen límite: van siempre pidiendo más y más y en el futuro van a pedir más.

UPOV-91 no sólo
intenta prohibir la
reproducción de la
semilla, sino que
transforma las leyes
de semillas de un
ámbito civil (en que
a lo máximo te
podían aplicar una
multa), al ámbito
penal (en que la
gente que no respeta
esa ley puede ir a
parar a la cárcel).
En su versión de 1961, las leyes UPOV lo único que prohibían era usar el nombre de una variedad. Si una empresa sacaba una variedad de trigo y la llamaba “Margarita”, nadie más podía utilizar el nombre “trigo Margarita”. La versión 1978 ya prohibía la comercialización. Solamente podía vender el “trigo Margarita” la empresa que había creado (por decirle así) la variedad “Margarita”. Y hoy con UPOV-91, que es la versión de estas leyes que se trata de imponer, lo que se prohíbe es la reproducción de la semilla.

 Es decir, van avanzando cada vez más pero no se quedan ahí. UPOV-91 no sólo intenta prohibir la reproducción de la semilla, sino que transforma las leyes de semillas de un ámbito civil (en que a lo máximo te podían aplicar una multa), al ámbito penal (en que la gente que no respeta esa ley puede ir a parar a la cárcel).

Hoy la amenaza de cárcel está presente en muchas de estas nuevas leyes. No son periodos cortos de cárcel; hay países que ya prescriben hasta 10 años de cárcel por reproducir semillas de las empresas.

Y existe también el
poder del Estado y
la policía de destruir
los cultivos, destruir
las semillas y las
herramientas de
trabajo, incluidos
tractores, palas,
azadones. Esas tres
cosas ya están en
UPOV-91.
UPOV-91 incluye tres elementos que son sumamente graves. La confiscación de la semilla y de los cultivos por simple sospecha, porque además éstas son leyes en función de intereses privados, pero quien hace de policía sigue siendo el Estado. Éste protege los derechos de las corporaciones y hay confiscación de semilla y de cultivos por sospecha. Basta que un funcionario diga que una semilla “parece” que es la semilla de una empresa para confiscarla, sea un cultivo o la semilla —y por lo tanto no se puede reproducir.

Existe también el allanamiento por sospecha. Si un funcionario busca semillas ilegales puede allanar bodegas, casas, automóviles, lo que sea. Y existe también el poder del Estado y la policía de destruir los cultivos, de destruir las semillas y de destruir las herramientas de trabajo, incluidos tractores, palas, azadones. Esas tres cosas ya están en UPOV-91.

Lo otro que está ocurriendo (y es importante estar al tanto) es que hay otra serie de leyes complementarias que en apariencia no tienen nada que ver con la privatización de las semillas y que tienen nombres muy diversos; son “leyes de semillas”, “leyes de comercialización”, “leyes de certificación”, “leyes de producción”, “leyes de garantía de la calidad”. Han sido muy imaginativos al ponerle títulos, pero las leyes siguen siendo las mismas.

Estas leyes de semillas
imponen criterios de
calidad que no tienen
nada que ver con la
semilla campesina.
Con esos criterios
destruyen la calidad
de la semilla
campesina. Exigen
que la semilla sea
homogénea, cuando
la fortaleza y la
riqueza de la semilla
campesina es
justamente que es
diversa, que dentro de
una misma variedad
haya una variación y
una diversidad muy
importantes.
Esto lo promueve hoy la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) mediante diversas leyes nacionales, porque dice que ésta es la forma de garantizar la calidad de las semillas. De hecho, alguna de las últimas versiones se llama “ley de calidad de semillas”.

Qué hacen estas leyes. Primero implican que no cualquiera puede ser reproductor de semillas. Los campesinos del mundo han estado reproduciendo, intercambiando, incluso vendiendo semillas toda su historia, y hoy día tales leyes intentan establecer que no cualquiera puede ser reproductor de semilla; por tanto, se crean los registros de reproductores de semillas.

Además de exigir un registro, estas leyes hacen que la producción de semillas sea engorrosa, difícil, dependiente y muy cara. Incluso si los campesinos se pudieran registrar en masa para ser reproductores de semilla no podrían hacerlo porque se les exige tener un agrónomo, tener bodega para inventario, tener cámaras de frío, tener un registro de libros sumamente complejos. Entonces bloquean la producción campesina con sólo hacerla sumamente complicada y cara.


Foto: Alex Naranjo
Lo otro que hacen estas leyes de semillas es imponer criterios de calidad que no tienen nada que ver con la semilla campesina. De hecho, con esos criterios destruyen la calidad de la semilla campesina. Por ejemplo, exigen que la semilla sea homogénea, cuando la fortaleza y la riqueza de la semilla campesina es justamente que es diversa, que dentro de una misma variedad haya una variación y una diversidad muy importantes.

También imponen la llamada trazabilidad. Esto significa que se puede controlar, hasta el último paso, el más chiquito, el más pequeño, el más mínimo de un proceso productivo y decir: “así se hizo”.

Básicamente lo que se hace es exigir una serie de informaciones de parte de los productores de semilla para que el Estado pueda controlar que no están violando las leyes de propiedad intelectual. Los campesinos tienen que demostrar dónde compraron, a quién le compraron, a quién le vendieron, cuándo le vendieron, qué productos utilizaron, y de nuevo dónde los compraron. Y exigen que cada factura de cada cosa que se haya comprado quede registrada y archivada —y esta documentación se puede exigir en cualquier momento. En la práctica eso significa que la gente se ve obligada a comprar cada vez más cosas y no tiene ninguna posibilidad de violar todas estas reglas porque se tiene que autodelatar mediante la documentación.

Otro elemento muy presente y que pasa desapercibido porque lo normal es que esté en un lenguaje muy oscuro, es que prohíbe el intercambio e incluso prohíbe el regalo, algo que se ha estado haciendo desde que la historia es historia: intercambiar y regalarse semillas. El regalar semillas es uno de los regalos más honrosos que existe en las tradiciones de los pueblos del mundo. Eso queda prohibido.

Chile tiene esta ley desde hace muchos años y algunos funcionarios han decidido no aplicarla, pero en intercambios que han hecho las organizaciones campesinas, ha llegado la autoridad y ha confiscado las semillas porque no se puede ni siquiera regalar. Regalar semilla pasa a ser hacer un delito y acordémonos que algunas de estas infracciones pueden ser penadas con la cárcel.

Otro elemento muy
presente y que pasa
desapercibido porque lo
normal es que esté en
un lenguaje muy
oscuro, es que prohíbe
el intercambio e incluso
prohíbe el regalo, algo
que se ha estado
haciendo desde que la
historia es historia:
intercambiar y regalarse
semillas. El regalar
semillas es uno de los
regalos más honrosos
que existe en las
tradiciones de los
pueblos del mundo. Eso
queda prohibido.
Hay otra serie de normas agrícolas que tampoco parecen estar relacionadas con las semillas campesinas, pero que sí tienen un impacto muy fuerte. Son las llamadas “buenas prácticas agrícolas”, que le pegan en el corazón a todos los sistemas de semillas campesinas.

Además, tenemos los tratados de libre comercio. No creamos que los tratados de libre comercio van a terminar. Lo que propone Trump es exactamente lo que pasó después del ALCA. Logramos parar el ALCA por la movilización social continental, ¿pero ¿qué vino después del ALCA?, una epidemia de tratados bilaterales, y hoy casi todos los países de América Latina estamos metidos en lo que habría sido el ALCA. No lo lograron meter multilateral, lo metieron bilateralmente.

 
Y por qué quiere Trump proceder bilateralmente. Porque busca concesiones unilaterales, que nuestros países entreguen más aún y que Estados Unidos no tenga que entregar más; que incluso pueda retraer algunos de sus compromisos.

En los tratados de libre comercio, las semillas son un punto central. El piso de estos tratados de libre comercio es que UPOV-91 esté en la legislación nacional (las penas de cárcel y todas las otras que ya mencioné: la confiscación, el allanamiento por sospecha, etcétera). Además, imponen varios elementos más con los tratados de propiedad intelectual o las normas de propiedad intelectual incluidas en los tratados de libre comercio.

Un elemento es que los allanamientos y las confiscaciones se puedan hacer sin orden del juez. Que puedan hacerse solamente por iniciativa de determinados funcionarios públicos; no necesita estar la policía, ni tener la orden de un juez, pero sí puede tener presencia de la policía, incluso en algunos casos —como pasó en Colombia— puede contar con el apoyo de la fuerza militar.

Otro elemento que se revierte es el peso de la prueba. Qué significa eso. Se supone que, por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tenemos derecho a ser considerados inocentes hasta que quien nos acuse pruebe que somos culpables. Aquí es a la inversa. En el caso específico de semillas, cuando alguien es acusado de transgredir la ley, el acusado o acusada tiene que comprobar su inocencia, y si no la prueba, pasa a ser culpable.

Estos tratados de libre
comercio se pueden
parar; creo que
estamos en mucha
mejor condición de
parar esta ola de la
que teníamos de parar
las olas anteriores. Lo
otro es no olvidar que
hasta ahora hemos
logrado parar las leyes
UPOV y este tipo de
leyes.
Para agravar eso, hay dos elementos más. Uno, que se hacen posibles los juicios en ausencia. Alguien puede ser juzgado sin que siquiera se le notifique que está siendo juzgado. Se le va a notificar solamente la sentencia: esto con base en entelequias legales. Otro elemento significativo es que se incorporan dos obligaciones: la obligación de autodelatarse, o sea el derecho a guardar silencio se pierde, y ojo, no se pierde el derecho a guardar silencio cuando uno ya fue declarado culpable, sino cuando uno es presunto culpable, aunque uno debería ser siempre presunto inocente. En estas nuevas leyes el juez puede obligar al presunto culpable a entregar evidencia contra sí mismo. O sea que existe la obligación de autoinculparse. También existe la obligación de delatar a cualquier otro que haya ayudado en el delito, y recordemos que el delito es trabajar con semillas, como se ha hecho a lo largo de la historia.

Todos estos cercos,
estos grilletes cada vez
más crueles, increíbles,
desvergonzados, se
buscan porque hasta el
momento los
campesinos y
campesinas del mundo
han logrado seguir
adelante con sus
semillas. Intentan
someternos porque en
realidad las semillas
campesinas siguen
vivas, circulando y
sembrándose. Tenemos
la capacidad de evadir
la opresión de estos
grilletes.
Todos esos elementos están siendo incorporados a los tratados de libre comercio y, a propósito, cuando Trump dice “yo ya no quiero el TPP, quiero acuerdos bilaterales”, son estas cláusulas en las que busca poner mayor énfasis. Hay otras más sobre propiedad intelectual que son un horror, pero éstas son las que afectan especialmente el trabajo con semillas.

Éstos son los nuevos cercos. Ante tal horror quisiera poner tres elementos de confianza en que podemos seguir adelante y triunfar. El primero es que creo que estos tratados de libre comercio se pueden parar; creo que estamos en mucha mejor condición de parar esta ola de la que teníamos de parar las olas anteriores. Lo otro es no olvidar que hasta ahora hemos logrado parar las leyes UPOV y este tipo de leyes. No en todas partes, pero hemos logrado pararlas en muchas partes.

Y el tercer elemento que hay que considerar es que todos estos cercos, estos grilletes cada vez más crueles, increíbles, desvergonzados, se buscan porque hasta el momento los campesinos y campesinas del mundo han logrado seguir adelante con sus semillas. Intentan someternos porque en realidad las semillas campesinas siguen vivas, circulando y sembrándose. Tenemos la capacidad de evadir la opresión de estos grilletes.

Fuente: Biodiversidad – Semillas - 93 / 2017 – pp. 14-17.