8 de febrero de 2018

Pez Ol lo (bagre) - Hypostomus panamensis

Arcadio Castillo Díaz

Foto del pez Ol lo (bagre) el rio de Ibedi. Comarca de Madungandi. Feb. 2013.
El Ol lo, (en idioma guna) – bagre - Hypostomus panamensis (Eigenmann, 1922), se considera este pez de origen panameño.

Distribución: se encuentran desde Sur América y se extiende más hacia el norte de Costa Rica, en el Pacífico sur y son de agua dulce.

H. panamensis- son conocidos por las placas óseas espinosas que cubren todo el cuerpo y cabeza, excepto el vientre. Los labios tienen una forma de ventosa cubierta de papilas carnosas que rodean la boca. Las aletas pectorales y la adiposa tienen fuertes espinas, pero no son punzantes, mientras el primer radio de las aletas pélvicas y dorsal (tiene una espina dura más siete (7) radios blandos), esta engrosado, pero flexible. Su cuerpo presenta una coloración muy variable, desde manchas negras sobre un fondo marrón claro hasta una coloración prácticamente negra en todo su cuerpo.

Ecología: el Ol lo (Hypostomus panamensis) - habita riachuelos y ríos de poca o moderada velocidad entre 20 y 560 m de altura. Se fija frecuentemente en piedras de donde raspan su alimento de algas y microorganismos asociados. Por lo general se alimenta principalmente de detritos. Alcanzan una talla de unos 330 mm de longitud. Peces con una talla promedio de 15 cm LT, prefieren hábitats con canales o tributarios, mientras que tallas más grandes (más de 35 cm LT), se les encuentra en lagunas y ríos con más caudal, como el río Bayano.

Otra característica importante de estas especies es lo largo de sus intestinos, los cuales funcionan perfectamente para la digestión de materia orgánica e incluso hasta madera. Su estómago agrandado altamente vascular, les da cierta capacidad de absorber oxígeno, por lo que son muy resistentes a aguas estancadas o pobres en oxígeno, característica que les permite vivir fuera del agua hasta por 30 horas (Armbruster, 1998).

¿Por qué no cultivar especies nativas en nuestros ríos? Por ejemplo, como el Ol lo (H. panamensis). Falta trabajo para determinar el impacto potencial que podrían tener la introducción de especies exóticas, en el Caribe de Gunayala.

Se recomienda principalmente, implementar un monitoreo para recopilar datos sobre hábitos reproductivos y comportamiento como clave para determinar mejor el estatus de especies exóticas. Con esta información se podría prever si al igual que en los países Centroamericanos, donde especies exóticas que se encuentran fuera de su ámbito natural de distribución, se convertirán en una especie invasora[1].

Es importante hacer conciencia sobre el manejo que le estamos dando a nuestros recursos naturales, pues, si continuamos con acciones irresponsables como la introducción de especies exóticas, tanto animales como vegetales, ponemos en peligro, no solo nuestra biodiversidad ecosistemática, sino a nosotros mismos.

Son especies con poco interés pesquero o de cultivo en acuicultura. Pero son importantes en acuariofilia, tanto las especies capturadas en el medio natural como algunas de cultivo.

Sin embargo, la población de la comarca de Madungandi y otras comarcas gunas que se encuentran en el lado pacífico, han aprovechado la carne del Ol lo, (H. panamensis), por miles de años este recurso dulceacuícola.Distribución: se encuentran desde Sur América y su extensión más hacia el norte se sitúa en Costa Rica, en el Pacífico sur y son de agua dulce.

H. panamensis- son conocidos por las placas óseas espinosas que cubren todo el cuerpo y cabeza, excepto el vientre. Los labios tienen una forma de ventosa cubierta de papilas carnosas que rodean la boca. Las aletas pectorales y la adiposa tienen fuertes espinas pero no son punzantes, mientras el primer radio de las aletas pélvicas y dorsal (tiene una espina dura más siete (7) radios blandos), esta engrosado, pero flexible. Su cuerpo presenta una coloración muy variable, desde manchas negras sobre un fondo marrón claro hasta una coloración prácticamente negra en todo su cuerpo.

Ecología: el Ol lo (Hypostomus panamensis) - habita riachuelos y ríos de poca o moderada velocidad entre 20 y 560 m de altura. Se fija frecuentemente en piedras de donde raspan su alimento de algas y microorganismos asociados. Por lo general se alimenta principalmente de detritos. Alcanzan una talla de unos 330 mm de longitud. Peces con una talla promedio de 15 cm LT, prefieren hábitats con canales o tributarios, mientras que tallas más grandes (más de 35 cm LT), se les encuentra en lagunas y ríos con más caudal, como el río Bayano.

Otra característica importante de estas especies, es lo largo de sus intestinos, los cuales funcionan perfectamente para la digestión de materia orgánica e incluso hasta madera. Su estómago agrandado altamente vascular, les da cierta capacidad de absorber oxígeno, por lo que son muy resistentes a aguas estancadas o pobres en oxígeno, característica que les permite vivir fuera del agua hasta por 30 hrs. (Armbruster, 1998).
Porque no cultivar especies nativas en nuestros ríos ? Por ejemplo como el Ol lo (H. panamensis). Falta trabajo para determinar el impacto potencial que podrían tener la introducción de especies exóticas, en el Caribe de Gunayala.

Se recomienda principalmente, implementar un monitoreo para recopilar datos sobre hábitos reproductivos y comportamiento como clave para determinar mejor el estatus de especies exóticas. Con esta información se podría prever si al igual que en los países Centroamericanos, donde especies exóticas que se encuentran fuera de su ámbito natural de distribución, se convertirán en una especie invasora.

Es importante hacer conciencia sobre el manejo que le estamos dando a nuestros recursos naturales, pues, si continuamos con acciones irresponsables como la introducción de especies exóticas, tanto animales como vegetales, ponemos en peligro, no solo nuestras biodiversidad ecosistematica, sino a nosotros mismos.
Son especies con poco interés pesquero o de cultivo en acuicultura. Pero son importantes en acuariofilia, tanto las especies capturadas en el medio natural como algunas de cultivo.
Sin embargo, la población de la comarca de Madungandi y otras comarcas gunas que se encuentran en el lado pacífico panameño por ejemplo, han aprovechado la carne del Ol lo, (H. panamensis), por miles de años este recurso dulceacuícola.

 

 



[1] Caso pez león, que es del Pacífico ÍndIco

7 de febrero de 2018

Capítulo 1. ¿A qué viene el Convenio 169 de la OIT? ¿Autonomía para los pueblos o legitimización de la explotación?

"Los indígenas protegen cerca del 80% de la biodiversidad del planeta y son propietarios legales de menos del 11% de dichas tierras, según datos del Banco Mundial, lo que pone a los pueblos en una situación de vulnerabilidad y en un estado permanente de guerra frente a las empresas y gobiernos para proteger sus territorios".

Los territorios de los pueblos indígenas son en el mundo los locales donde todavía se preserva los recursos naturales cotizados por las empresas. Los indígenas protegen cerca del 80% de la biodiversidad del planeta y son propietarios legales de menos del 11% de dichas tierras, según datos del Banco Mundial, lo que pone a los pueblos en una situación de vulnerabilidad y en un estado permanente de guerra frente a las empresas y gobiernos para proteger sus territorios.
El Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre pueblos indígenas y tribales, junto con la declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas de 2007, ha sido la principal herramienta internacional sobre derechos de los pueblos indígenas. En la teoría, dicho Convenio garantiza a los pueblos de los países signatarios el derecho a su tierra y, por lo tanto, establece que para cualquier proyecto que empresas o gobiernos desarrollen en su territorio, debe realizarse una consulta libre, previa e informada.
El equipo de este reportaje recorrió el sur de México y todos los países de Centroamérica continental y registró diferentes situaciones y estrategias de empresas y gobiernos para implementar megaproyectos en los territorios indígenas.
Una de las situaciones recurrentes es que las empresas y el Estado invaden los territorios, sin establecer ningún tipo de diálogo con la comunidad, negociando las tierras individualmente. La contaminación o destrucción de los recursos, la violencia por los conflictos por el territorio ha generado la expulsión de los indígenas. En estas situaciones, gran parte de los pueblos visitados invocan el Convenio 169 de la OIT en su lucha política y jurídica, para exigir el derecho a ser consultados.
Existen aquellos pueblos que logran soportar la presión de toda naturaleza y declararse territorio libre de los megaproyectos. Estas situaciones exigen una organización y una cohesión muy grande de la comunidad, ya que no tienen respaldo jurídico, para no permitir que las empresas entren en sus territorios.
Otra situación es que cuando los pueblos logran iniciar un proceso de consulta, se observa que estos procesos en casi su totalidad no respetan la autodeterminación de los pueblos y generan conflictos tan violentos como los generados en la primera situación: muertes, persecuciones y destrucción del tejido social de las comunidades.
La consulta está cada vez más presente también en el discurso de los Estados y empresas, incluso es requisito para que se logre financiamiento de las instituciones internacionales, como el BID y el Banco Mundial, que se jactan en sus relatorías e informes publicitarios de respetar el derecho de decisión de los pueblos indígenas, una forma de justificar la presencia de sus inversiones en el territorio a partir de un consentimiento del pueblo. En realidad, en los casos en que se realiza la consulta, el Estado y las empresas persisten en desconocer los resultados que no les son favorables, manipulan a líderes, en algunos casos son sometidos a juicio y en otros ejecutados, como fue el caso de Berta Cáceres, en Honduras.
Como el Convenio 169 sigue siendo la principal herramienta del Derecho Internacional, y es frecuentemente invocado por los pueblos en sus luchas, este trabajo reportará cómo las consultas están llegando a los territorios de dos pueblos indígenas, cuáles son las implicaciones y conflictos generados. Son pueblos que están en fases distintas del proceso de consulta. Los Broran, en Costa Rica, donde hay un proceso nacional de construcción de un protocolo de consulta y los Garífunas, en Honduras, donde se está finalizando las votaciones por el Congreso Nacional de una ley para regularizar el proceso.

- Foto por Renata Bessi.
Fuente: Avispa.orghttps://avispa.org/consulta_indigena/index.html

3 de febrero de 2018

OGOB – COCO (Cocos nucifera, L.) Y SUS MULTIPLES COMBINACIONES: ¿DEPENDENCIA ECONOMICA-SOCIAL DEL PUEBLO DULE?

Geodisio Castillo
geodisio@gmail.com

INTRODUCCIÓN

OGOB o coco en castellano, viene cultivándose desde hace miles de años y su dispersión es tan amplia que en la actualidad existe un fuerte debate sobre su centro de origen geográfico (Ohler, 1986; Purseglove, 1968). Sin duda es el cultivo arbóreo más importante del planeta tierra, con alrededor de 3,000 millones de hectáreas cultivadas, que involucra a más de 13 millones de personas relacionadas directa o indirectamente con los productos de esta palma (Borgtoff y Balslev, 1993).


Niño cargando ogob a hombros. Foto 1: Gubiler
Ogob, coco, cocotero o palma de coco pertenece a la familia de las Arecaceae, conocido como, “árbol de los cien usos”, “árbol de la vida”, entre otros, por los muchos productos útiles que proporciona (Ohler, 1986).
Es una de las palmeras más cultivadas en el mundo. Se cultiva en más de 86 países de zonas tropicales y sub tropicales, fundamentalmente en Indonesia, India, Malasia, Filipinas, Islas del Pacífico, Centroamérica y el Caribe, países del sudeste de Asia y África tropical, siendo un importante sector económico en los países productores. Generalmente se cultiva en grandes o pequeñas plantaciones de tipo de nainu familiar. Las principales áreas productoras están ubicadas en las áreas costeras.

El cultivo constituye una fuente para obtener muchos productos para la vida del hombre tales como: materiales para el fuego, recursos para fabricar vivienda, aceite y proteína de alto valor nutritivo. La pulpa seca llamada copra, contiene gran cantidad de aceite, que a la vez se emplea como materia prima para la fabricación de margarinas, grasas vegetales y jabones finos de tocador. La torta que queda como subproducto se usa en la alimentación del ganado y aves. El cascarón duro que queda al separarse el albumen se utiliza en artesanía y para la obtención de carbón activado; así mismo el mesocarpio fibroso es fuente de una buena fibra utilizada en la fabricación de colchones, alfombras, sustrato para cultivos, etc.

El cultivo de ogob, coco o cocotero, ocupa un lugar muy importante en el proceso de desarrollo económico-social del pueblo dule, como cultivo comercial para obtener divisas[1] o como mayor fuente económica (Castillo y Beer, 1983). Si bien en éstas últimas décadas ha mermado grandemente la producción por factores de carácter fitopatológicos y su vejez (senil) que afectan a las plantas, pensamos que, en el descenso de la producción, también afecta el proceso de transición de la familia extensa hacia la familia nuclear de la sociedad dule, a grupos nucleares (Alvarado, s.f.).

Al disminuir las unidades de trabajo o mano de obra disminuye la capacidad de producción, por tener menos mano de obra que puedan atender el mantenimiento del cultivo. Además, de esta problemática agregamos la dependencia a que ha llevado el cultivo por el mercado colombiano. Desde entonces hasta la actualidad la baja producción agrícola en la Comarca.

El éxito económico del cultivo depende del precio que alcance el producto en el mercado. Entonces, el manejo del cultivo requiere cierta técnica de conocimiento dule y occidental que es necesario saber, innovar o adaptar, para alcanzar el éxito esperado.

UN CULTIVO TROPICAL: ORIGEN Y DISPERSION

OGOB (Cocos nucifera, L.), es una planta antigua esparcida en casi todos los países tropicales y subtropicales de África, Caribe y América del Sur del continente de Abiayala. De esta especie no se conocen individuos silvestres. Su mayor variabilidad se presenta en el sureste asiático y en segundo lugar en el Caribe. Hay muchas variedades que generalmente son reconocidas sólo en la localidad en donde prosperan.

El origen de la palma de ogob, parece no haber sido resuelto; oscuras dudas aún quedan sobre su origen: ¿es originario de Abiayala o asiático? (Ohler, 1986; Purseglove, 1968). Algunos autores argumentan que el ogob tiene origen de Abiayala otros que el origen es asiático (Candolle, 1955; Ohler, 1986). Igual discusión existe si el ogob es de origen Sur o Centroamérica de Abiayala (von Martius, 1823).

En los tiempos de la invasión española y/o europea, el ogob, únicamente no se encontró por el Pacífico de América Central, también se encontró por el Atlántico de nuestro trópico (Ohler, 1986). Según Ohler (1986), ambas costas tienen presencia de ogob, observándose claramente que las costas del Atlántico tienen cocoteros semejantes a las “Alta Jamaica”, mientras que en las costas del Pacífico está presente el coco “Alta Panamá”, que es bastante análoga a una de la variedad que crece en Jamaica, denominada San Blas. La variedad San Blas crece en la región de San Blas (actual Gunayala), en el Caribe.

La dispersión del ogob a través del Pacífico parece haber ocurrido desde Nueva Guinea a la Polinesia y de aquí a Abiayala Tropical, no obstante que la distancia entre ellas es considerable. Heyerdahl (1953, citado por Ohler, 1986), opina que los indígenas de Abiayala habían llevado los cocoteros a las islas del Pacífico en sus desplazamientos por mar.

Según Harries (1977), se conoce que los cocoteros presentes en las costas del Atlántico de Abiayala proceden de la isla de Santiago en el archipiélago o península de Cabo Verde, introducidas por los españoles hacia 1549. Y no desde Panamá, donde los cocoteros son de otra variedad distinta.

Algunas especies son originarias de este continente, encontradas en estado silvestre. Entre ellas se encuentra el ogob “San Blas” (Castillo y Beer, 1983; Fremond, et al., 1966; Harries, 1977, citado por Ohler, 1986; Ohler, 1986; Purseglove, 1972). La domesticación y/o producción del ogob “San Blas” comienza a mediados del siglo XIX, cuando la población dule comienza su presencia, y se convierte como un cultivo más que se suma a la dieta del pueblo.

BREVE RESEÑA HISTORICA

La migración del pueblo dule a mediados del siglo XIX a la costa del Caribe a la actual Comarca de Kuna Yala (Gunayala), fue favorecida a finales del siglo. Eso debido que para esta época final del siglo el empleo del aceite de ogob para fabricar margarina, tuvo una gran demanda, favoreciendo mucho el establecimiento de plantaciones de ogob en la región (Ohler, 1986).

Esto puede explicar por qué las edades de las plantas resulten caducas y de baja productividad, alcanzando 100 años o más, afectando la producción del ogob en Gunayala. Y a pesar de esta realidad nuestros agricultores son renuentes a cortarlos mientras sigan produciendo, y, es que además es un hermano.

Es por eso, la necesidad de rehabilitar el cultivo. La rehabilitación incluye el manejo adecuado del control de malezas, uso de fertilizantes naturales e intercalaciones, bajo nuestro sistema agroforestal de nainu a escala familiar. Sin embargo, para el buen desarrollo de la planta se debe conocer su historia, su condición, el suelo, entre otros.

Nos narran[2] que, en la Comarca, la economía era solidaria, es decir, había intercambio interno de productos agrícolas y otros productos de consumo familiar o de uso doméstico, no hubo necesidad de comprarlos. Las costas se encontraban llenas de plantaciones de ogob y massunnad (plátanos) y otros cultivos menores, había diversificación de cultivos.

No es hasta los comienzos de la década del siglo XX, que los wagas (extranjeros) comenzaron a viajar por Gunayala. Entonces, es cuando el ogob, que por décadas sirvió de intercambio con otros productos agrícolas entre comunidades y/o habitantes, comenzó a servir como medio principal de intercambio o trueque con los wagas. Luego, en la década del año de 1930 y comienzos del 40, cuando llegaron a las costas de la Comarca los barcos para comprar o intercambiar ogob por mercancías, como la tela, joyas, machetes, rifles, hachas, corbatas, sombreros negros[3], utensilios de cocina, entre otros. Estos barcos, venían desde la ciudad de Colón o de Cartagena (Colombia).

El ogob bajo sistema agroforestal, a orillas de un río. Foto 2: Gubiler
Década para el pueblo dule, el cultivo de ogob, aún, no era considerado como algo lucrativo, es decir, como medio para acumular capital (dinero). En 1949, la exportación de ogob a Colombia fue estimada en casi 180 millones por año (Castillo y Beer, 1983).

Durante la segunda guerra mundial, la economía natural y solidaria dule sufre cambios. Estados Unidos que, antes compraba el ogob a Filipinas ya no lo hicieron, por la intervención de los japoneses. Y, es así, que Panamá fue escogido para reemplazar esta fuente de importación para Estados Unidos. Comenzó en Gunayala la compra de ogob en efectivo por US$0.10 (diez centésimos el dólar de Estados Unidos, equivalente a balboa), un nuevo tono económico entra en la Comarca. Y el Congreso General Guna acepta esta oferta.

Al acabar la guerra Estados Unidos abandona a Panamá y regresa a Filipinas a importar los ogob. Los cultivos de ogob en Gunayala quedan sin mercado. Pero para estos tiempos, llega a la Comarca la compañía “Hurraca Oil Company” a comprar ogob y convertirlo en copra por un valor de US$0.10 la libra. La copra, que es el núcleo de ogob al que se le quita la corteza, cortado y secado con calor o al sol. Este tratamiento no solo evita el costo de embarque por exceso de humedad sino también previene la descomposición del aceite (Rivera Hernández, et al., 2001).

El riesgo de que la copra se dañe era muy grande durante la estación lluviosa y el precio muy bajo. Para la compañía fue una pérdida, este tipo de compra, y cerró. Luego aparecen los colombianos, ofreciendo US$0.03 a US$0.05 centésimos por ogob, dependiendo de la estación.

El resultado de la venta del ogob por dinero, puso aspiraciones fuertes en la sociedad agrícola dule, que comenzaron a cambiar sus cultivos de massunnad por nainus de ogob. En dos a tres años, se declinó el intercambio de productos agrícolas que existían entre las comunidades. Y a los comienzos de 1950 llega el fin de la existencia de los trueques internos. Ahora, se compra todo, arroz, maíz, plátano y otros productos alimenticios con el capital acumulado. Tanto fue así, que 1964, la exportación de ogob a Colombia solo alcanzó 50 millones por año (Castillo y Beer, 1983).

En la actualidad la producción del ogob sobresale en las poblaciones costeras de la provincia de Colón y la comarca Gunayala, y sigue siendo fundamental para su economía y su alimentación.

El cultivo del ogob de la variedad tres filos, conocida como “San Blas”, es la especie que más se produce en la Costa Abajo de Colón y Gunayala. Solo en Colón se cultivan 156,785 plantas de ogob, de las cuales 112,000 están en edad productiva[4].

Lo que sigue después, se sabe y se vive en la actual Comarca Gunayala. De la dependencia del ogob, solo podemos salir diversificando los cultivos agrícolas. Volver a revalorar el sistema de producción agroforestal de nainu familiar.

DIVERSIDAD Y FORMAS

Se reducen a dos principales grupos: altas de fecundación cruzada (alógamas) y bajas de autofecundas (autógamas). La variedad “San Blas” pertenece al del grupo altas.

Periodo de vida – altas (criollo), 70 a 80 años (hasta 100 años), - bajas (manila) produce a los tres (3) años y vive aproximadamente 50 años. La criolla produce entre 5 y 7 años, después de ser trasplantadas.

El número de frutos por racimo es menor en la variedad alta que en la variedad baja. Las altas producen de 4 a 30 cocos por racimo, su producción anual es de 80 a 100 frutos por palmera.

La planta baja con promedio de vida más corto, su producción comienza más temprana. Contiene mayor número de frutos por racimo, que llega de 6 a 40 y de 150 a 200 cocos por año. Tiene una gran ventaja por poder cosecharse desde el suelo, lo que es imposible con las palmas de variedades altas.

MEDIO ECOLÓGICO

Clima y precipitación: ogob precisa una temperatura elevada y tan constante como sea posible; esto es alrededor de 27° a 30° C. como máximo y de 22° C. como mínimo. Requiere clima sin grandes variaciones térmicas, tanto durante el día como por la noche. No florece bien en climas con temperatura por debajo de los 21° C.

Tipo pluvial tropical, en donde la precipitación resulta el factor climático más importante, tanto por su magnitud como por su distribución a lo largo del año. Pluviosidad de 1,200 mm.  2,500 mm. de lluvia anual. Acepta mayor cantidad de precipitación, siempre y cuando haya buen drenaje del suelo que permita evacuar el exceso.

Necesita una luminosidad de 2,000 horas al año para su buena producción. No florece bien en zonas de cielo nublado.

Humedad relativa: para el cultivo la mínima mensual no ha de ser inferior al 60% de saturación y la humedad óptima está alrededor del 80% de saturación.

Altitud: la altura snm (sobre el nivel del mar) tiene marcada influencia para los efectos del cultivo de ogob que no vayan más allá de los 600 m. snm.

Suelos: ogob crece en diferentes tipos de suelos; siempre que tengan buenos drenajes y una aireación adecuada y libre crecimiento de raíces.

Textura: desde suelos arenosos con 97% de arena, suelos pesados con 70% de arcilla e incluso, en suelos con cerca del 80% de materia orgánica, las de aluvión (suelos de bancos), ubicados en los márgenes del río. pH 5.2 a 8.0

Vegetación: podemos encontrar al cultivo de ogob entre agligan (manglares) – agli ginnid (Rhizophora mangle), agli sissid (Avicennia germinans), y, otros. También lo encontramos, entre masargan (caña blanca – Gynerium sagitattum), demar nur (uvita de playa – Cocoloba uvifera), entre otros.

UN CULTIVO DE MÚLTIPLES ASOCIACIONES

Según Nair (1979), en su trabajo sobre pluricultivo intensivo con ogob en la India, se debe entender que el multicultivo/policultivo, cultivos mixtos o cultivos multiestratificados es el sistema general de plantar más de un cultivo en la misma tierra. El intercultivo se utiliza para el cultivo de plantas anuales o bienales entre los ogob y por cultivos mixtos se entiende el de arbustos y árboles perennes debajo de los ogob. El cultivo en varios pisos o estratos (multiestratificado) se refiere a una combinación de cultivos debajo de los ogob que crecen a distintas alturas y que poseen diferentes tipos de sistemas radicales por lo que aprovechan diferentes profundidades del suelo.

Paisaje natural de ogob en isla y haciendo turismo. Foto 3: Gubiler
Si notamos lo anterior estamos definiendo una agricultura de nainu[5] familiar con presencia de ogob y otros cultivos en diferentes estratos. Este sistema de cultivo mixto o de nainu, también incluye a los cultivos de cobertura y abonos verdes.

Para conocer bien la aptitud del ogob de asociarse con otros cultivos, es necesario conocer la morfología de su raíz.

Raíz - raíces delgadas, largas y en gran cantidad. Radicales en la zona superficial, su papel es absorber minerales. No llevan pelos absorbentes. Existen dos clases de raíces: cilíndricos sinuosas de 1 cm. de diámetro y 1 a 2 m. de longitud; las de segundo orden, llevan raíces superiores y terminan en radicales. Llegan a una profundidad de 30 y 120 cm. La zona de mayor actividad de las raíces se concentra en sus raíces superficiales en un radio de 2 m. desde la base de la palma. Su sistema radical se le conoce como adventicia.

Intercalación de cultivos. Hay infinidades de cultivos probados en experimentos, otros tradicionalmente practicados, que pueden intercalarse entre la palma del ogob o palmas. Se pueden practicar intercalaciones en pequeñas parcelas (nainugan) de 0.1 a 0.4 has. o más, en interfaces de edad de palmas de ogob entre 30 – 40 años, para la variedad “alta” el espacio normal entre plantaciones es de 7.5 x 7.5 m.

En la India, Malasia, Filipinas y Nueva Guinea se encuentran la asociación ogob + siagwa (coco + cacao), donde se ha aprovechado las antiguas plantaciones de ogob para intercalar o mezclar el siagwa (Theobroma cacao).

En Malasia el ogob no solo se encuentra asociado con el siagwa, sino con otras especies de cultivos de ciclo corto, como el oba (maíz), gaa (chile picante), coliflor, lechuga, tomate, entre otros. Y con algunos de ciclo largo o perennes, tales como, masi (bananos o plátanos), osi (piña), gabi (café), principalmente.

Para la asociación siagwa + ogob, se considera que por lo menos se necesita un mínimo de 2.5 has. para establecer una plantación rentable. La asociación siagwa + ogob, aparte del comportamiento satisfactorio de ambos, hay efectos de sinergismo en la combinación.

Investigaciones preliminares sobre los microorganismos de la rizófera indican que las mezclas de estos cultivos favorecen la alta incidencia de microorganismos tanto en el ogob como en el siagwa, siendo mayor la incidencia cuando el siagwa se cultiva en doble hilera entre el ogob. Entre los microorganismos encontrados están los fijadores de nitrógeno Beijerinckia sp., solubilizadores de fosfato Pseudomas sp., entre otros.

Cultivos multiestratificados. La asociación mango + ogob + masi, es un ejemplo típico de un cultivo multiestratificado. Los diferentes cultivos sembrados o intercalados para establecer la multiestratificación de cultivos con el ogob se pueden apreciar en la foto 2.

Es importante conocer las diferentes fases de crecimiento del ogob para un cultivo intensivo. Del ogob se conocen tres fases de crecimiento que pueden ser aprovechados para intercalar los cultivos anuales o perennes.

En la primera fase que es de crecimiento, que dura unos 8 años, se pueden intercalar cultivos anuales o perennes temporalmente, cultivos que no necesitan sombra. Luego al pasarse a su segunda fase, que dura entre 8 a 25 años, se puede dejar de intercalar los cultivos, para su desarrollo normal. Y al final cuando el cultivo pase a su tercera fase, de 25 años en adelante, se puede intercalar cultivos adaptados a sombríos, el cultivo del ogob puede multiestratificarse, p. e., ogob + pimienta negra + siagwa. Otros buenos ejemplos lo encontramos en Gunayala: ogob + gay (caña de azúcar) + masi, ogob + mango + dargwa (otoe) + gay, ogob + osi + swiddi (guanábana), ogob + aswe (aguacate) + wagub (ñame) + moe (zapallo), ogob + agli (manglar) + frutales + naiwar (bellota), entre otros.

DENSIDAD Y NUTRIENTES

La densidad de los cultivos de ogob se debe tomar muy en cuenta. Aunque para el ogob no existe una recomendación general para el espaciamiento, ya que la densidad correcta depende de varios factores que varían de una zona a otra, como la disponibilidad de agua, el suelo, la variedad, el policultivo, ente otros (Ohler, 1986).

Es porque el sistema radicular tiene un arreglo geométrico complejo, que está cambiando constantemente, y es probable que ocurra una competencia entre las raíces vecinas por los nutrientes.

Al intercalar los cultivos sin un abonado natural adecuado puede agravar el proceso del agotamiento de nutrientes en el suelo. Produce un grave amarilleo de los oogob debido a la deficiencia de nutrientes.

Incluso un sistema de raíz bastante escaso puede ser capaz de agotar el suelo rápidamente de casi todos los nutrientes disponibles. La toma de nutrientes puede no verse afectada por la densidad de la raíz, dentro del rango normal de densidades (Andrew & Newman, 1970; Cornforth, 1968).

Los nutrientes dependen del rendimiento y de la gestión agrícola; es decir, como ejemplo, la parte de los nutrientes eliminados al sacar las nueces cosechadas pueden devolverse enterrando las cáscaras en el suelo, utilizándolas como abono orgánico o quemándolas y distribuyendo las cenizas en el nainu. Las hojas o parte de ellas pueden ser utilizadas como combustible o para techar chozas, esto ayuda a aumentar la cantidad de nutrientes eliminados.

ENFERMEDADES DEL OGOB

Existente plagas y enfermedades que atacan al ogob. Uno de los más letales de las enfermedades es la Porroca. Muñoz (1994) reportó la aparición del Porroca por primera vez en Panamá en 1976 cerca de la frontera con Colombia, próximo a la comunidad de Puerto Obaldía; palmas con síntomas similares aparecieron en la Provincia del Pacífico de Darién en 1988.

La enfermedad se ha ido expandiendo a través del istmo de Panamá en la última década. Se caracteriza por la producción de hojas tiesas, enanas, usualmente conlleva a la muerte de las palmas en un lapso de dos años (Gilbert & Parker, 2008).

Según Gilbert & Parker (2008), la propagación de la Porroca puede ser evitada simplemente al morir la palma, o la incidencia de la enfermedad puede aumentar muy rápido, afectando rápidamente hasta la mitad de las palmas en una isla. Medidas locales, pueden ser utilizadas para controlar la enfermedad y plagas tales como el corte selectivo y el uso del humo, pueden no ser medidas efectivas para el control de la enfermedad en plantaciones pequeñas e individuales.

Gilbert & Parker (2008) indican que no hay evidencia que Porroca pueda ser transmitida a través de semillas, y tal transmisión es poco probable ya que la producción de fruta cesa rápidamente con el inicio de los síntomas. No se conoce si Porroca puede afectar otras palmas en la agricultura o en ecosistemas forestales.

CONSIDERACIONES FINALES

Queremos poner énfasis en que el monocultivo del ogob nos ha tornado dependiente de los precios externos (Colombia). Si pensáramos como un occidental que para su manejo adecuado necesitaremos de insumos también externos de precio creciente (fertilizantes y agroquímicos en general), costes que no están al alcance de nuestro pequeño agricultor.

Por lo tanto, el sistema estratificado o agroforestal de nainu parece ser la alternativa para mejorar la producción del ogob, que hemos dejado de un lado para dejarnos depender. Además, el uso limitado de las variedades del ogob, hará que la producción sea vulnerable a la aparición de plagas y enfermedades de gran magnitud.

La producción del ogob sumado a la producción de frutas, leña, madera, medicina, textilería, entre otros, ofrecen a nuestro agricultor una mejor estabilidad económica y psicológico que de hecho se practica en forma natural. Con este sistema contribuimos a mantener estable nuestro ecosistema. Mantener y desarrollar nuestro sistema agrícola de nainu no detiene el progreso, sino que nos hace el futuro posible. Porque el desarrollo es construir el futuro.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

Alvarado, E. (s.f.). Estudio Socio-Económico y Político de San Blas, Costa Arriba y Costa Abajo. Estudio preliminar (sin publicar)

Andrew, R. E., E. I, Newman, 1970. Root density and competition for nutrient. Oecol. Plan 5, 319-334

Borgtoft, P. H.; Balslev, H. 1993. Palmas útiles. Especies ecuatoriales para agroforestería y extractivismo. Ediciones ABYA-YALA. Quito, Ecuador. 158 pp.

Candolle, A. de., 1955. Coconut palm (Cocos nucifera) Linnaeus. In: Origin of cultivated Plants. Extracted from The Tropical Agriculturist – vol. 4-1884-1885. Ceylon Coconut Quarterly 6, 3-4, p. 112-115

Castillo, G. y Beer, J. W., 1983. Utilización del bosque y de sistema agroforestales en la región Gardi, Kuna Yala (San Blas), Panamá. CATIE-UNU, Turrialba, Costa Rica

Cornforth, I. S., 1968. Relationships between soil volume used by roots and nutrient accessibility. J. Soil Sci. 19, 291–301

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von Martius, C. F. P., 1823. Historia Naturalis Palmarum. Munich, 1823-50.


[1] El dólar estadounidense, la divisa mundial
[2] Comunicación colectiva, Congreso Tradicional, Corregimiento No. 1, 10 al 14 de agosto de 1985. Comunidad de Digandiggi (Niadub), Kuna Yala
[3] Desde entonces, el uso del sombrero negro al igual que la corbata se convierten en costumbre o uso tradicional de los saglagan y sagladummagan (jefes de las comunidades y “caciques”)
[4] Mirta Rodríguez P. La Estrella de Panamá. Cuba ayudará a Panamá a mejorar su cultivo de coco, 14/09/2017. http://laestrella.com.pa/vida-de-hoy/planeta/cuba-ayudara-panama-mejorar-cultivo-coco/24022658
[5] Nainu, semánticamente significa “tierra propia” y/o parcela de siembra (Castillo y Beer, 1983)

25 de enero de 2018

Agroecología, capitalismo y cambio climático

"La agroecología plantea la conversión agroecológica de los sistemas de producción, y la creación de redes alternativas de alimentos saludables y accesibles para todas las personas. La agroecología capitaliza en la experiencia de miles de campesino(a)s que utilizan policultivos y sistemas agroforestales que minimizan los riesgos frente al cambio climático."

Miguel A. Altieri*

Nainu agroforestal (cultivo base siagwa+masi+mango). Mamardub. Foto: Gubiler
Las concentraciones de gases de invernadero han alcanzado niveles nunca detectados. Como resultado, las temperaturas en los océanos y la tierra son ~ 1°C más altas que en la era preindustrial, y las precipitaciones se hacen más variables y más extremas. Estos cambios ya ejercen impactos tangibles sobre varios procesos biofísicos planetarios (acidificación de los océanos, extinción de miles de especies, escasez de agua fresca, etcétera) y también pone en jaque la producción agrícola, en especial los grandes monocultivos industriales, que son parte del problema pero que siguen expandiéndose a pesar de estarse autodestruyendo al minar las condiciones ecológicas de la producción: producen 30 por ciento de los gases de invernadero y dada su homegeneidad genética son extremadamente vulnerables al cambio climático.

Aunque existe conciencia sobre la emergencia que representa el cambio climático, las emisiones de carbono siguen incrementándose y no se vislumbran acciones para frenar el calentamiento global. El problema es que la causa-raíz del desafío ecológico, es el sistema capitalista incapaz de asegurar respeto por el medio ambiente y al capitalismo no le conviene implementar cortes urgentes en las emisiones de carbono, pues estas medidas amenazan su propia existencia. Detener las emisiones antes de alcanzar el umbral de 2°C (que conduciría a un estado de irreversibilidad climática) requiere un cambio revolucionario que va en contra del crecimiento económico y la hegemonía de las multinacionales. Para mantenerse bajo el umbral, los países ricos tendrían que cortar sus emisiones en 10 por ciento por año, amenazando los niveles de consumo y bienestar que gozan. Los cambios agrícolas necesarios requerirían no sólo romper el monocultivo con estrategias agroecológicas, sino también desmantelar el control de las multinacionales sobre el sistema alimentario, el sistema de producción basado en petróleo, y las políticas agrarias neoliberales que lo ampara.

La respuesta de los grandes intereses es que la tecnología unida a la magia del mercado podrá solucionar los problemas climáticos, promoviendo la ilusión de un crecimiento económico ilimitado que no impacta la naturaleza. El agronoegocio aprovecha estas crisis para restructurarse con las mismas estrategias, pero disfrazadas bajo el nombre de la agricultura climáticamente inteligente. Las prácticas que proponen priorizan la mitigación basadas en mercados de carbono por sobre la resiliencia socioecológica y la soberanía alimentaria. Los créditos de carbono favorecen a los agricultores más contaminantes y los agricultores que siguen prácticas que secuestran carbono, venden sus créditos a multinacionales contaminadoras.

La agroecología plantea la conversión agroecológica de los sistemas de producción, y la creación de redes alternativas de alimentos saludables y accesibles para todas las personas. La agroecología capitaliza en la experiencia de miles de campesino(a)s que utilizan policultivos y sistemas agroforestales que minimizan los riesgos frente al cambio climático. Evidencias demuestran que estos sistemas agroecológicos son más resistentes a los impactos de sequías y huracanes que los monocultivos, por tanto, constituyen modelos que ofrecen una gama de diseños de manejo para reforzar la resiliencia de los agroecosistemas modernos.

La agroecología plantea una visión radicalmente diferente a los sistemas alimentarios globalizados basados en la homogenización, especialización, industrialización y medidas económicas cortoplacistas. Los nuevos sistemas agroecológicos se basan en sistemas familiares de pequeña escala, locales, biodiversos, autónomos, incrustados en territorios controlados por las comunidades y apoyados por consumidores solidarios que entienden que comer es a la vez un acto político y ecológico.

* Profesor emérito de Agroecología, Universidad de California, Berkeley


 

2 de enero de 2018

Balance entre tecnología agroecológica y agroecología tecnológica. El proyecto Finca Marta, Artemisa, Cuba

Fernando R. Funes-Monzote, Maikel Márquez Serrano


No hay energía más limpia y útil que la energía humana. Tampoco hay energía más sucia y destructiva que la energía humana. A diferencia de las demás, esta tiene una enorme capacidad de transformación basada en la inteligencia. De qué manera sería más provechoso y justo emplear esta “energía inteligente” parece ser la pregunta crucial de la sociedad moderna.

Terrazas de piedra para el cultivo de hortalizas en Finca Marta. Autores
Para saber en esencia qué entendemos por tecnología agroecológica debemos remontarnos a los mismos inicios de la agricultura –lo que también pueden reclamar quienes proponen otras tecnologías que responden a diversos modelos y concepciones de agricultura–. Desde el momento en que el ser humano, además de utilizar las manos, concibió el uso de herramientas que facilitaran su labor, se aplicó tecnología para garantizar el alimento de diversas formas, tanto a partir de la caza, la pesca y la recolección como de las diferentes actividades agrícolas sedentarias y trashumantes.

Cuando el hombre comenzó a tecnificar la producción de alimentos o tuvo acceso a recursos para garantizar su sustento dejó de ocupar un nicho en el ecosistema. El propio hecho de contar con herramientas o una tecnología de apoyo le confirió la capacidad de alterar y “dominar” el ecosistema e incrementar su capacidad de reproducción de manera “segura”.

Siembra en cepellones: acelera el proceso productivo y garantiza buena calidad de la postura. Autores
Hoy estamos ante una disyuntiva que agudiza el enfrentamiento entre modelos agrícolas que se explica, de una parte, por las divergencias sobre la manera y escala de producir que conllevan al uso de ciertas tecnologías por cada modelo y, de otra, por la función social, ecológica y económica que cumplen la agricultura y el sistema alimentario en el desarrollo de las naciones y a nivel global.

La tecnología agroecológica, caracterizada por una variada fuente de conocimientos y cosmovisiones, toma forma en cada situación, a escala local, de la misma manera en que deja de tener efecto cuando no es aplicada en armonía social y ecosistémica. Tal flexibilidad del entramado tecnológico en la agroecología lo hace complejo e, incluso, llega a ser inmanejable en ocasiones.

Entre los elementos a considerar para entender de manera constructiva el balance entre tecnología agroecológica y agroecología tecnológica tenemos:

  • La base indígena y tradicional del conocimiento intrínseco en las prácticas, métodos y concepciones agroecológicas, ha coevolucionado con la ecología, la economía y la sociedad contemporánea. Estos conocimientos se modifican y adaptan a las diversas culturas humanas. El folclore y las formas de vida de las comunidades originarias y tradicionales, así como de los agricultores en cualquier lugar, cambian constantemente y con ello las expectativas y manifestaciones culturales, económicas y sociales de sus integrantes.
  • Los imperativos de las comunidades locales son variados y se presentan cotidianamente. El acceso al agua, la energía, los nutrientes, las herramientas, la maquinaria o a los medios de transporte y a los mercados constituyen dilemas diarios para cada agricultor. La presión econó- mica de mantener a una familia y de pagar salarios justos a quienes emplea significa un compromiso permanente.
  • Los agricultores, independientemente de la manera en que cultiven sus tierras, de los recursos que dispongan, de las condiciones biofísicas de su agroecosistema, del conocimiento que tengan o de los propósitos que persigan, tienen la necesidad de innovar para adaptarse y sobreponerse a las variables externas cambiantes. Además deben acceder a los recursos y medios para realizar su función y para ello necesitan tecnologías que resuelvan sus problemas cotidianos. La resiliencia, la sostenibilidad, la adaptabilidad y otras son categorías teóricas que pueden resultar poco útiles a los agricultores a la hora de tomar decisiones y de resolver sus complejas realidades.
  • El contexto, en la gran mayoría de los casos, no favorece a los agricultores de escasos recursos, por lo que el sistema alimentario tiende a concentrarse indefinidamente en menos manos. Alcanzar la capacidad de sobreponerse a esta situación, cuando nos referimos a la pequeña y mediana escala familiar, dirigida a los mercados locales o a la exportación, implica producir de manera competitiva, generar valor que pueda ser reinvertido en el sistema y tener una conexión fuerte con los consumidores a través del mercado.
  • No existe un agricultor sin la expectativa de vivir de su trabajo y lograr mejorar sus condiciones de vida como resultado de este. En cualquier país, bajo condiciones de mayor o menor desarrollo económico o social, no se concibe, por lo general, que no haya un sentido de superación. La aplicación de nuevas tecnologías confiere una capacidad de cambio y mejora. Estas tecnologías deben ser accesibles y manejables por los agricultores mientras aumentan las posibilidades de incrementar los ingresos.
  • Es sumamente complejo lograr vínculos constructivos entre diversas concepciones o modelos de agricultura, sobre todo porque tales formas de concebir las relaciones tecnológicas, ecológicas, económicas y sociales difieren. Por ello resulta necesario hacer una interpretación concreta y justa de la realidad a la hora de evaluar el proceder de los agricultores, quienes muchas veces son guiados por imperativos o seducciones provenientes del propio contexto donde viven o de fuerzas globales, por lo que se ven obligados a emplear ciertas tecnologías industriales para el control de plagas o la fertilización a falta de acceso a alternativas ecológicas. Idealizar esta situación deviene, en algunos casos, en simulaciones y falsedades.
  • Durante un proceso de reconversión agroecológica es necesario suplir parte de la demanda de mano de obra a través de tecnologías que favorezcan el incremento de la productividad. Muchos agricultores no consideran atractivo el paso de un modelo a otro debido a que desconocen las tecnologías agroecológicas, pero también porque no encuentran mejores maneras de incorporar otras tecnologías en una concepción agroecológica o estas requieren mayor cantidad de trabajo o tiempo.
  • Las variadas situaciones y circunstancias que se presentan debido a la alta complejidad de los sistemas agroecoló- gicos requieren de un conocimiento amplio. Lidiar con el manejo de diversas plagas u organismos nocivos y, al mismo tiempo, lograr el equilibrio y suministro constante de nutrientes a través de alternativas orgánicas, necesita de más investigación y conocimiento. Son muy pocos los agricultores o técnicos que poseen la calificación suficiente para enfrentar tal reto. Incluso para los más avezados entomólogos resulta difícil encontrar soluciones efectivas para problemas muy comunes y a la vez serios para el control de plagas de manera comercial (por ejemplo, cómo controlar el grillo, los caracoles y la babosa). En el caso de ser factible y accesible el uso de medios biológicos, estos deberán ser aplicados de una manera sumamente cuidadosa y sincronizada para lograr su efecto.
  • La optimización de los procesos y la innovación son claves para dar el salto de una agricultura de subsistencia a sistemas agroecológicos productivos y eficientes. Al traspasar la frontera de la finca a una relación ecosistémica, el agricultor y su familia están expuestos a relacionarse ampliamente con otros actores sociales, políticos y culturales con quienes intercambia percepciones y hechos concretos que no necesitan una validación teórica para ser reconocidos y aplicados. El hecho de contar con tecnologías de apoyo como el equipamiento adecuado, las variedades más propicias, los métodos más efectivos de fertilización, etc., permitirá al agricultor ser más resiliente a los cambios en el clima. Así puede responder mejor y más rápidamente ante cualquier perturbación.
  • La innovación funciona en la mayoría de los casos como una sustitución de tecnologías inapropiadas, costosas o dañinas, así como de sistemas organizativos y asociativos disfuncionales. En general hay poca investigación y desarrollo con un enfoque sistémico y complementario que involucre diversos ambientes, tipos de tecnologías de producción, actividades o sectores de la sociedad.
Campo de espinacas protegido por barrera de palma de coco y chirimoya como cortina rompevientos. Autores
 
Para que los agricultores puedan realizar su labor no solo requieren de tecnologías que respondan al tipo de agricultura que hacen, sino que deben continuamente adoptar otras tecnologías que complementen cada función en beneficio de la eficiencia y la productividad y, a la vez, que faciliten el trabajo para el bien propio y común. En el proyecto agroecológico Finca Marta enfrentamos diversos dilemas tecnológicos que debemos solucionar si aspiramos a que las prácticas y concepciones agroecológicas tengan la posibilidad de ser adoptadas por otros agricultores. Mencionaremos solo cuatro de ellos:

  • La construcción de un biodigestor de 10 m3, utilizando la piedra del terreno, con el que logramos producir 2 m3 diarios de biogás. Esto nos permite cocinar almuerzo y comida para alrededor de 20 personas diariamente. Los efluentes son aplicados en los campos y así garantizamos el reciclaje de nutrientes. Esta labor con los efluentes se realiza durante los últimos cuatro años, extrayéndolos a través de un tubo hacia tanques ubicados en un carretón tirado por bueyes. Solo quienes realizamos esta labor sabemos cuán precaria y trabajosa resulta. Por ello aspiramos a contar con un pequeño tractor, un tanque tirado por ruedas y una bomba de succión de lodos para lograr la extracción, transporte y distribución mecanizada del material. Deseamos que la energía que se logra capturar y convertir en biogás no se pierda; por tanto, se requerirá de un reservorio para acumularlo y, eventualmente, generar electricidad.
  • Continuamente confeccionamos canteros a mano, lo cual implica mucho tiempo, trabajo y dinero. Además de eso, nuestros suelos son arcillosos y dificultan la labor. La construcción de canteros es una actividad muy difícil que requiere gran esfuerzo físico y no muchas personas están dispuestas a hacerlo. Por ello aspiramos a contar con un rotovator o tractor de mano que realice esta labor de manera mecanizada.
  • La restauración de la fertilidad en suelos poco fértiles como los que cultivamos requiere de la aplicación de grandes cantidades de materia orgánica que no logramos suplir con las fuentes de que disponemos. Considerar la compra de estiércol vacuno para mejorar los suelos es una decisión económica pero también ecológica pues, además de ser costoso, constituye el ingreso de semillas de malezas que infestan los campos y canteros.
  • Ante la dificultad en el acceso a medios biológicos para el control de plagas hemos desarrollado diversas estrategias de manejo ecológico. Sin embargo, aún no hemos podido lograr un control efectivo de varias de ellas, lo cual resulta estresante por la clara afectación a los cultivos. Esta es una situación en la que cualquier agricultor acude al uso de productos químicos por falta de una alternativa en el momento preciso, lo cual puede convertirse en una práctica cotidiana aun en condiciones de manejo agroecológico.
Alcanzar el balance adecuado entre la aplicación de tecnologías agroecológicas y el uso de otras tecnologías de apoyo que faciliten y refuercen el objetivo integrador de la biodiversidad y de las relaciones entre todos los elementos del agroecosistema, que a la vez favorezca un proceso culturalmente aceptable y socialmente justo, constituye el mayor reto para la agroecología hoy.

Fernando R. Funes-Monzote
Investigador, consultor y agricultor. Fundador del proyecto agroecológico Finca Marta, provincia Artemisa, Cuba.
 
Maikel Márquez Serrano
Ingeniero agrónomo e investigador en agroecología. Proyecto agroecológico Finca Marta, provincia Artemisa, Cuba.