19 de octubre de 2017

¿Mito de los agroquímicos?

Por Eduardo Gudynas
25.Sep.2017

Así como cada día hay más información sobre los impactos negativos de los agroquímicos también se conocen los enormes esfuerzos que deben hacer las empresas para defenderlos.

 
El caso más conocido involucra al herbicida glifosato, que “quema” las plantas. Su aplicación más común está atada a una variedad de soja modificada genéticamente que es resistente a ese químico. Entonces se aplica en los campos, y mata todas las malezas y plantas competidoras, y solo quedan esas sojas transgénicas en pie. Parece un instrumento maravilloso.

Sin embargo, es un químico que fue indicado como “probablemente cancerígeno” en 2015 por un comité especializado de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sus hallazgos se sumaron a otros que alertan sobre los riesgos con la aplicación masiva de ese químico en los campos (1).

Los ejecutivos de la principal empresa manufacturera de ese químico, Monsanto, sabían con anticipación que la OMS emitiría esa evaluación, y estaban actuando para enfrentar la tormenta (2). Esto ahora se sabe gracias a una demanda en Estados Unidos que ha obligado la liberación de correos electrónicos y documentos de la compañía. Según los que siguen de cerca esas informaciones, quedaría en evidencia que la empresa apuntó a enfrentar aquel dictamen y a generar suficiente controversia pública para dejarlo en sospecha.

Una buena parte de la batalla se libró en la prensa. Un ejemplo fue un informe de la agencia de noticias Reuters que acusaba a un científico de EE.UU. que participó de aquel panel de no haber considerado datos que mostraban que el químico sería inocuo (3). Pero enseguida se supo que ese reporte de prensa tenía varios problemas, incluyendo referencias parciales a los dichos del científico y que la fuente pretendidamente independiente en realidad era un consultor de la propia Monsanto (4).

Según se informa desde varios frentes que han accedido a esos documentos internos, el plan de la corporación incluiría estrategias como “orquestar respuestas al grito”, esto es, promover debates de gran intensidad en los medios de manera de poner en duda la información científica y el papel de las agencias evaluadoras. También apuntaba a identificar y pedir a otras personas e instituciones que escribieran artículos, notas en blogs, mensajes en las redes sociales, etc. La propia empresa al menos en un caso proveía con textos básicos para que esas personas los re-escribieran y los mandaran a medios de prensa (5). Cuanto más barullo, más dudas.

No es mi intención aquí, ni es posible, dirimir quién es inocente y quién es culpable, y ese proceso judicial está en marcha en Estados Unidos. En cambio, mi punto es que una dimensión clave alrededor de los efectos de los agroquímicos sobre la salud y el ambiente transita por el debate público. Los fabricantes de ese tipo de sustancias dicen que son maravillas e inocuas, pero a medida que se acumula información en contra, mucha de ella a partir de la cotidianidad de los productores y comunidades rurales, las rechazan por no ser científicas, rigurosas o serias.

Toda vez que un vecino denuncie que una de esas sustancias afectó su salud, enseguida aparecerá alguien que afirme que tiene información científica que muestra que eso no sería posible. Toda vez que un productor rural muestre que le quemaron su campo, responderá algún técnico que ese químico es magnífico y aquello fue un “accidente” por mal uso. Toda vez que un médico diga que sospecha que los cánceres aumentaron, otros científicos le reprocharán que no tiene información estadísticamente válida.

El ruido y la confusión se han vuelto parte de las herramientas para imponer a los agroquímicos. Algunos medios de prensa tienen responsabilidad en ello, especialmente en el sector agropecuario. Hay revistas que en lugar de alertar sobre los pros y los contras de los agroquímicos, parecen un catálogo de ventas.

Además, Uruguay es un “consumidor” de las decisiones de regulación y evaluación de otros países. El país tiene limitaciones para hacer sus propios estudios, y por ello, si los evaluadores en Estados Unidos, la Unión Europea, o las agencias de Naciones Unidas, dicen que no es malo, nuestro país seguramente copiará esos permisos.

Sin embargo es urgente actuar con cautela. En una de las más recientes evaluaciones sobre esta situación, que se acaba de publicar en la revista Science, y que incluye a uno de los mayores expertos en este tema para el gobierno del Reino Unido, apunta en sentido contrario. Allí se concluye que asumir que los pesticidas que pasan por una batería de tests de laboratorio y ensayos de campo, sean ambientalmente benignos, incluso cuando se los usa a una escala industrial, es falso (6). Una aseveración muy fuerte que aquí, en Uruguay, debería llevar a la reflexión.

Y por razones como esa, ahora hay muchos que consideran que el uso de los agroquímicos para promover alimentos para una población creciente es un mito. Esto se dice el reporte en los derechos a la alimentación presentado por el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU. Traducido esto a Uruguay, se queda sin sustento el discursito gubernamental de que tenemos que aceptar los impactos de los agroquímicos por nuestra tarea de alimentar al resto del planeta. Es que tanto nosotros, como el resto de la población mundial, podríamos comer muy bien sin químicos.


Notas e informaciones adicionales


1. El estudio del comité de análisis de la OMC (en inglés):
http://monographs.iarc.fr/ENG/Monographs/vol112/mono112-10.pdf

2. La empresa Monsanto rechaza esa calificación del glifosato; su posición en
https://monsanto.com/company/media/statements/glyphosate-report-response/
Otro estudio científico señala que es improbable que sea cancerígeno: A review of the carcinogenic potential of glyphosate by four independent expert panels and comparison to the IARC assessment, G.M. Williams y colaboradores, Critical Review Toxicology, 2016, en:
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27677666

3.
La nota de Reuters: Cancer agency left in the dark over glyphosate evidence, 14 junio 2017, https://www.reuters.com/investigates/special-report/glyphosate-cancer-data/

4. La evaluación sobre la nota de Reuters en Monsanto Spin Doctors Target Cancer Scientist In Flawed Reuters Story, Huffington Post, 18 junio 2017,
http://www.huffingtonpost.com/entry/monsanto-spin-doctors-target-cancer-scientist-in-flawed_us_594449eae4b0940f84fe2e57

5. Un resumen de toda la situación en How Monsanto Manufactured Outrage At Chemical Cancer Classification It Expected, Huffington Post, 19 setiembre 2017,
http://www.huffingtonpost.com/entry/how-monsanto-manufactured-outrage-at-chemical-cancer_us_59c17c88e4b0f96732cbc9f3

6. Toward pesticide vigilance, por A.M. Milner e I.L. Boyd, Science 357: 1232-1234,
http://science.sciencemag.org/content/357/6357/1232.full
Recomiendo leer en detalle la excelente publicación Cultivos transgénicos en Uruguay, Aportes para una comprensión de un tema complejo, descargable en:
http://colectivoogm.blogspot.com.uy/

7.
Report of the Special Rapporteur on the right to food, Human Rights Council, 24 enero 2017, https://documents-dds-ny.un.org/doc/UNDOC/GEN/G17/017/85/PDF/G1701785.pdf?OpenElement

 

18 de octubre de 2017

NO ES LEYENDA NEGRA. ES HISTORIA PURA Y PURA HISTORIA

Arysteides Turpana
Hace 525 llegó a Abya Yala, nuestro continente, una banda de maleantes españoles bajo el mando de un gamberro llamado Cristóbal Colón, cuyo nombre afea y denigra el Himno Nacional de Panamá. ¡Da asco! ¡Repugna! Venían estos forajidos hispanos con el fin de saquear nuestras riquezas, de apoderarse de nuestras tierras y de esclavizar a nuestros ancestros, y para lograrlo recurrieron a argucias delictivas e inmorales, amparadas bajo los nombres de la Guerra Justa y de Requerimiento. A esta invasión armada y a su subsecuente ocupación Descubrimiento de América las llaman los hispanólatras. En  300 años de pillaje, los gamberros diezmaron a 100 millones de abyayalenses, según las cifras ofrecidas por Fidel Castro y Noam Chomsky.
Según los hispanólatras, los gamberros españoles trajeron una religión. Lo que no dicen es que es esa religión fue manipulada por la hipocresía de esos mismos delincuentes españoles. ¿Y es que no había religión aquí, que justamente tuvieron que ser los criminales españoles que la tuvieron que traer?
Según los hispanólatras, los gamberros españoles trajeron el alfabeto. Exceptuando a los religiosos, el único gamberro español que pasó por aquí y por una academia fue Hernán Cortez. Los demás eran unos brutos que no sabían ni leer ni escribir, como Francisco Pizarro, que fue amantado como Asco Núñez de Balboa por cerdos. Los hispanólatras no saben en su ignorancia que aquí en Abya Yala siempre hubo una escritura de tipo jeroglífica y silábica. En su tozudez un día nos dirán  que lo de Braille y el lenguaje de señas no son nada. Nemo dat quod non habet.
Según los hispanólatras, los gamberros españoles trajeron un Idioma, como si aquí no hubiese habido
miles y miles de idiomas. El 10 de mayo de 1770, Carlos III emitió una Real Cédula mediante la cual prohibió el uso de las lenguas americanas para que se  hablase  solo el castellano en este continente que es un río multicolor de idiomas. Solo en Panamá tenemos siete lenguas nativas y una europea, que es el castellano, un dialecto del latín vulgar, la jeringonza que hablaba la chusma de Roma, ciudad donde la población estaba dividida en dos capas sociales: los patricios y la plebe. En nuestro continente Abya Yala, el dominio del idioma se tomaba muy en cuenta y con tal consideración para aspirar a algún cargo dentro de la organización del Estado. A muchos  locutores, ministros y otros jerarcas de  la etnia ladina panameña les he escuchado decir: “habemos”, “haiga”, “hubieron”. El preso de Miami, el etnoitaliano Ricardo Martinelli dijo: “I haven’t stolen a fucking penny” (“no me he robado ni un fucking real). Llegó a ser presidente de Panamá con esta formar de hablar. Tal vez lo veamos algún día como miembro de la Academia Panameña de la Lengua.
 
Según los hispanólatras, los gamberros españoles trajeron las leyes. ¿Y es que aquí no las había? Las leyes de los  gamberros españoles se llamaban Guerra Justa y  Requerimiento, que eran leyes para justificar el genocidio, la esclavitud y el saqueo de nuestro continente Abya Yala.  Las llamadas Leyes de Indias fueron promulgadas mediante Real Cédula el 18 de mayo de  1680, o sea, a casi 200 años del pillaje español y cuando la población nativa ya había sido diezmada  bajo las manos de los criminales gamberros de España; en otras palabras, las Leyes de Indias solo favorecían a los “indios” ya asesinados. ¡Cuánta hipocresía!
 
Según los hispanólatras, los gamberros españoles trajeron animales domésticos ¿se referían a ellos mismos? El abyayalense (y no el indio, que es un ciudadano de la república de la India, un país asiático) había domesticado  llamas,  alpacas, el pato mudo, el pavo, el xoloitzcuintle o el perro pelón…
Según los hispanólatras, los gamberros españoles trajeron Universidades, como si aquí no las hubiera habido: ¿de dónde salió el sabio que inventó el calendario azteca?, ¿de dónde salieron los astrónomos, los matemáticos con su concepto de cero (0) y los administradores de los Estados? A estas universidades en algunas partes se las conocían con el  nombre de Calmécac, donde se impartían conocimientos de retórica, arte dramático, música, canto, danza, escritura, astronomía, historia, administración de justicia; en otras partes se las llamaban Cuicacalli ,que eran centros de enseñanza especializada en todo lo referente a la cultura musical y los cantos sagrados, algo así como Berklee College of Music, de la ciudad de Boston; había otras llamadas Telpochcalli, donde se ponía énfasis en la educación militar: algo parecido a West Point. En esos centros de educación superior, se adquirían y se transmitían las convicciones religiosas, los valores morales y culturales, en otras palabras, eran centros de educación permanente y continúa.
¿De dónde salió el astrónomo maya que planteó que el año solar  duraba 365,2420 días, cuando para la astronomía contemporáneo es de 365,2422 días, y en lo que a la revolución sinódica de Venus se refiere calculó que era de 584 días, cuando el cálculo moderno es de 583,92 días?
 En la ciudad de Qosqo- Cuzco-   había un sitio poblado de escuelas y de centros de altos estudios, los denominados "Yachay Huasi". Cuando los gamberros españoles lo descubrieron lo llamaron “barrio de escuela”, que es el equivalente a lo que hoy denominamos “ciudad universitaria”, en cuyas moradas vivían los harauec-los poetas- y los sabios  llamados “amauta”-nombre tan querido por el no menos querido y siempre lúcido José Carlos Mariátegui.
En 1438, el noveno Inca, Yupanqui, conocido también con el nombre de Pachacútec, reforzó su política educativa al incrementar la cantidad de escuelas, que en principio habían sido fundadas por Inca Roca. Hubo escuelas a todo lo  largo y ancho del Imperio y se agigantó el número de enseñantes.
Los incas dominaban la geometría. Con ella medían los campos, trazaban caminos, levantaban sus edificios, median el tiempo para fijar los tiempos de la siembra y la cosecha. Tenían cocimientos sobre la cirugía, sobre todo, sobre la trepanación de los cráneos e igualmente el uso medicinal de la plantas era objeto de estudio. La educación que los niños recibían en el hogar se reforzaba en las instituciones del sistema de la educación formal; era como si ya desde la casa estuviese manejando el Manual de urbanidad y buenas maneras o el Manual de Carreño.
Respecto a las universidades españolas, aprovecho el momento para reproducir un fragmento de una noticia que apareció en el diario madrileño El País, en su edición del 15 de agosto de este 2017. Hela aquí:
ESPAÑA ES EL ÚNICO GRAN PAÍS RICO SIN UNIVERSIDADES ENTRE LAS 200 MEJORES DEL MUNDO
En el top internacional que analiza el 'ranking' de Shanghai sí aparecen otras 27 naciones como Francia, Alemania, Portugal o Brasil.
 
 
Si hay una clasificación por excelencia de universidades, es el ranking de Shanghái. En la última edición, España no tiene ninguna institución entre las 200 en cabeza. Es el único gran país desarrollado sin universidades en ese grupo, en el que sí están otras 27 naciones. Desde Estados Unidos y Reino Unido, las mejor clasificadas, a Francia, Alemania, Portugal o Brasil. Las 11 mejores españolas, todas públicas, se sitúan entre los puestos 200 y 500.
 
Estados Unidos y Reino Unido son los países que encabezan la clasificación, el ranking de Shanghái o ARWU (Clasificación Académica de Universidades del Mundo, en sus siglas en inglés). Entre las 100 primeras hay 52 universidades americanas, 35 europeas y 13 de Asia y Oceanía. África no tiene ninguna. España ha tenido entre nueve y 13 representantes entre las 500 citadas pero ninguna se ha situado entre las primeras 100 y, en algunas ediciones, como la actual, tampoco entre las 200. Hay 12 naciones en el top 50, entre las que están Dinamarca, Canadá, Francia o Alemania. Otras seis más entre las 100 mejor clasificadas, donde se añaden Finlandia, Noruega, Bélgica o Israel. Y hasta un total de 27 entre las 200 en cabeza, donde están países como Italia, Irlanda, Portugal o Brasil.
Continuemos. En Los comentarios reales de los incas, su autor,  el Inca Garcilaso de la Vega escribe que en el tiempo precolonial el mismos estado incaico daba de vestir a los vasallos y en dicho imperio no había pobres ni mendigantes y nadie moría de hambre porque el gobierno tenía depósitos de comida ya que siempre estuvo preparado para los tiempos de las vacas flacas. ¿Es así hoy por hoy el Perú contemporáneo?
¿Qué no tenía Abya Yala antes de la invasión de los gamberros españoles? Antes de la invasión de los gamberros españoles, Abya Yala no tenía gamberros españoles, y sus gobernantes no conocía la corrupción porque la corrupción –este nuevo tipo de saqueo-la practican los gobernantes de hoy, que son los nietos de los gamberros españoles-de tal palo, tal astilla-y Abya Yala tampoco conocía el Tercer Mundo, que es una herencia de los gamberros españoles.
“La historia de América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra”. José Martí
 

13 de octubre de 2017

SOSTENIENDO LOS SISTEMAS ALIMENTARIOS DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS: AGRICULTURA DE NAINU FAMILIAR

Gubiler Castillo

La agricultura siempre ha sido la vida del pueblo dule o guna, como así de los pueblos del mundo. Se está demostrando, cuánto valor tiene la agricultura practicada por pequeños agricultores indígenas, campesinos y afrodescendientes. Sus conocimientos ancestrales sobre la agricultura están ligados a la tierra, nana (madre) que de sus “pechos helados”, amamanta a todo ser viviente.


Recolección de cangrejos. Foto: Gubiler
Los sistemas agrícolas que manejan los pueblos indígenas, como el nainu dule, es familiar, es un conjunto de técnicas de manejo de los recursos ligados a la tierra, de ahí, el amor, la conservación, protección y defensa de la tierra, porque dialogaron con el complejo mundo de las relaciones entre organismos de los diversos ambientes y los pueblos se adaptaron a ella biológica y ecológicamente para sobrevivir. Es familiar porque niños, mujeres, jóvenes, hombres y ancianos se enlodaron y siguen enlodándose con la tierra para seguir alimentando el mañana[1]. Es que la agricultura de nainu familiar, representa el enfoque de la economía solidaria, del bienestar común humano y la naturaleza; es decir, vivir bien – nuedgudisaed, yeridodisaed[2].

Las estrategias, aunque no escritas, sino cantadas, incluyen el sistema de nainu multiestrato para la producción de granos y tubérculos, la producción del coco variedad “san blas” (Fremond, et al., 1966; Purseglove, 1972) para la venta a motonaves colombianos, y en menor escala a la ciudad de Panamá; todas las actividades agrícolas de base familiar están relacionada con el desarrollo de la comunidad. Por lo que los productores se dedican a la agricultura, al manejo forestal comunitario, recolección, pesca artesanal y artesanía gestionada y operada por una familia y que depende principalmente de la mano de obra familiar, incluyendo tanto a mujeres como a hombres y niños. Estas actividades aún prevalecen en las comunidades dules, pero poco a poco dejándose practicar, por la alta migración de las familias a las ciudades.

La diversidad alimentaria

Nuestros sistemas alimentarios aparentemente ofrecen impresionante abundancia y variedad de alimentos, la verdad es que estamos perdiendo la biodiversidad agrícola crucial y nuestras dietas cada vez homogeneizados están conduciendo a la enfermedad y la obesidad, relacionadas con la dieta, como el cáncer, la diabetes y las enfermedades del corazón (Cook, 2017).

Pero esta abundancia y variedad son engañosas. El hambre y la malnutrición persisten en muchos países, a pesar del supuesto aumento de la producción de alimentos. Es decir, la rica biodiversidad agrícola del planeta está en riesgo, perdiéndose a un ritmo alarmante y con ella la capacidad de recuperación de nuestros sistemas alimentarios y su capacidad de adaptarse al cambio de las condiciones (SCDB, 2008).

Paisajes agrícolas son cada vez más monocultivadas con cultivos transgénicos, que dependen mucho de agroquímicos y pesticidas. Los cultivos se están homogenizándose, y solo cuatro cultivos en el mundo ofrecen más del 60% de calorías - el maíz, arroz, trigo y papa[3].

La tendencia es visible y sentida, y Kuna Yala no escapará si la política del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), como el mismo Instituto de Investigación Agropecuario de Panamá (IDIAP), a través de la Agencia del MIDA de Kuna Yala, extienden la práctica monocultural y experimental que poco a poco va aplicándose en las parcelas de algunos agricultores dules. Esas acciones ponen en riesgo la producción agrícola y con ello la alimentación, y al mismo tiempo pone en peligro la capacidad de la agricultura para adaptarse al cambio climático.

Estas diversidades alimentarias aún están latentes en los sistemas alimentarios de los pueblos indígenas, que son las que mantienen vivas a las poblaciones actuales del mundo. Estos sistemas que practican los pueblos indígenas de uso del suelo tienen sus propias acepciones en cada cultura, llamase agricultura migratoria, roza, monte, rastrojo, conuco, chagra, nainu, neubata egoro, pickaajem jep, milpa, slash and burn, shifting cultivation, swidden farming, entre otros[4]. Sistemas que eran considerados hasta hace poco perjudicial o en detrimento al uso del suelo, lo que ha demostrado lo contrario.

Finalmente es reconocido que, los sistemas alimentarios de los pueblos indígenas no sólo forman parte indisoluble de nuestras formas de vida e identidad, sino que son claves en la lucha contra el hambre (FAO, Fondo Indígena, 2015).

Construimos nuestro mañana: ¿Qué nos toca hacer los pequeños productores familiares?

Si bien hoy nuestra producción agrícola en Kuna Yala es baja, siempre hemos sustentado la vida protegiendo los sistemas productivos, basado en los conocimientos ancestrales, respetando los límites de la productividad. Porque nuestro origen es de los bosques, nuestros hermanos los árboles, de ahí, los conocimientos ancestrales, hasta construir lo que hoy somos, con dos Onmaggeddummagan[5] que nos guía y las comunidades por los saglagan[6] y el pueblo, de ahí nuestra sostenibilidad.

Porque hemos sabido mantener sistemas agroecológicos más diversificados y resilientes, desarrollando una agricultura productiva en condiciones climáticas adversas. Estas experiencias hay que rescatarlos y aplicarlos, a partir de la educación hacia los niños[7]. Es por ello en la última asamblea de Onmaggedummad Namaggaled, se hizo énfasis en la agricultura como parte del patrimonio cultural del pueblo dule, dando paso para que los productores agrícolas familiares como también a los agricultores inadurgan se organicen[8].

Tanto en países en desarrollo como en países desarrollados, la agricultura familiar es la forma predominante de agricultura en la producción de alimentos. Sin embargo, son los más olvidados[9], aunque recientemente la comunidad internacional se ha comprometido a poner fin al hambre y a todas las formas de malnutrición en el mundo para el año 2030, basados en una plataforma de conocimientos sobre agricultura familiar; para ello se han realizado considerables progresos, pero los conflictos y los desastres naturales e inducidos por el hombre están mermando estos avances; así se advierte en El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo de este año (FAO, FIDA, OMS, PMA y UNICEF. 2017).

En el 2015, Panamá se sumó al programa de la agricultura familiar para desarrollar un plan para impulsar a los agricultores familiares de las provincias centrales y las comarcas, como una de sus principales líneas estratégicas en el país[10].

La verdad es que los pequeños agricultores tienen poca participación en los sistemas alimentarios, decisiones políticas clave son a menudo desconectados de los intereses de los productores y consumidores. Porque no se toman en cuenta los sistemas alimentarios hacia una mayor diversidad, la salud, la sostenibilidad y la inclusión.

Una experiencia son los agricultores familiares indígenas, campesinas y afrodescendientes, donde las formas de cultivar una gran variedad de cultivos agrícolas conllevarían su promoción a conservar la biodiversidad agrícola y apoyar el desarrollo rural endógeno. A estos sistemas de producción alimentarias los gobiernos deberían permitir que prosperen, por ser fuentes más barata y más accesible de alimentos para los consumidores de bajos ingresos. En lugar de intentar restringir o eliminar los mercados de alimentos informales.

Frente a esta situación surge el Programa Diálogo Regional Rural (PDRR), cuyo propósito es fortalecer las organizaciones de Centroamérica y República Dominicana para la puesta en marcha de un mecanismo eficaz que permita estimular el diálogo sobre políticas entre organizaciones integradas por familias rurales pobres, indígenas, campesinas y afrodescendientes y las autoridades gubernamentales.

El PDRR-Panamá forma parte de este esfuerzo regional, con el propósito de contribuir, fortalecer, visibilizar y construir espacios y experiencia de diálogo político entre el estado y sociedad civil desde el punto de vista de contribuir en la elaboración de una política pública diferenciada para la Agricultura Familiar (AF)[11].

La primera asamblea del PDRR-Panamá indica que, la agricultura familiar ocupa un papel importante en la producción de alimentos saludable y en la generación de empleo en las áreas, indígenas, campesinas y afrodescendiente. Pero hasta el momento no ha sido valorada por los gobiernos de turno desde el punto de vista de las políticas públicas en el país. Por esta razón, una buena parte de la agricultura familiar quedó predestinada a la pobreza rural y se han reforzado las migraciones de los jóvenes a las ciudades en busca de oportunidades.

De ahí, el objetivo del PDRR-Panamá, es el “Fortalecimiento de la Plataforma Nacional del PDRR en Panamá, para promover el dialogo e incidir en las políticas públicas diferenciadas para la AF que permita debatir en los temas y estrategias dirigidas a afrontar los retos y desafíos de la agricultura familiar indígenas, campesinas y afrodescendientes de Panamá”.

Volviendo a lo nuestro para finalizar

Si bien nuestra lucha es recuperar nuestros ancestrales territorios, fortalecer la cultura y la economía solidaria basada en nuestra agricultura de nainu familiar como fundamento que nos permita reconstruir la gobernanza interna, con el propósito de generar y de aplicar los procedimientos tradicionales para velar y ejercer el control, el manejo y el uso armonizado que debe existir entre las personas con la naturaleza, debemos reingeniar la estructura de nuestros Congresos Generales[12].

Una de las tareas que no se hace y que es fundamental realizarla es, consolidar una cultura de planeación, gestión organizacional y evaluación permanente que le permita a los Congresos Generales continuar en su proceso de fortalecimiento y direccionar sus esfuerzos hacia el cumplimiento de metas establecidas para el desarrollo desde adentro de la Comarca a partir de la aplicación de la estrategia 2025 (CGG, 2015).

Y es mejor decir, porque nuestros guías aún no se han empoderado de su estrategia elaborada en el 2015. Dos años han pasado, y la estrategia está encajetada. ¡Es momento de avanzar y revisar la estrategia para así llegar al centenario de la Revolución Dule, diciendo a nuestros hijos y nietos, hemos avanzado! ...

Bibliografía

Castillo, G., 2016. Conservación y restauración de territorios de pueblos originarios, basados en conocimientos tradicionales. CENDAH, Panamá. 23 p. (Documento inédito)

CGG. 2015. GUNAYALA 2025. Plan Estratégico de Gunayala: 2015-2025. Hacia una gestión territorial. Congreso General Guna, Comarca Gunayala. Panamá, 2015. 112 p. + Anexo: PAC [InfoIIDKY/Rev. 7]

Cook, S. 2017. Nourishing diversity: A five-point plan to enrich our food systems. Policy Briefing. IIED + hivos. 4 p.

FAO, Fondo Indígena. 2015.  Sistemas alimentarios tradicionales de los pueblos indígenas de Abya Yala. Volumen II. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, La Paz. 216 p.

FAO, FIDA, OMS, PMA y UNICEF. 2017. El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2017. Fomentando la resiliencia en aras de la paz y la seguridad alimentaria. Roma, FAO. 144 p.

Fremond, Y., Ziller, R., M. de Nucé de LAMOTHE. 1966. Le cocotier. Maisonneuve, Paris. 267 p.

Purseglove, J.W. 1972. Tropical Crops. Monocotyledons. Longman. 607 p.

Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica. 2008. La Biodiversidad y la Agricultura: Salvaguardando la biodiversidad y asegurando alimentación para el mundo. Montreal, 56 páginas.
 


[5] Congresos Generales Guna: Congreso General de la Cultura Guna y Congreso General Guna
[6] Jefes de comunidades, considerados sabios
[7] EBI Guna – Nan Garburba Oduloged Igar – inicia el desarrollo del tema sobre “Agricultura y Tecnología” para primer grado
[8] Congreso General de la Cultura Guna, celebrado los días 20 al 26 de septiembre de 2017, en la comunidad de Golebir. Los Inadurgan (médicos botánicos) ya están organizados, tienen directiva; los productores agrícolas tienen una directiva provisional, están en proceso de consolidarse a nivel comarcal. Juntos se consolidan
[9] El acceso a los mercados, el acceso a la tierra y a los recursos naturales, el acceso a la tecnología y a los servicios de extensión, el acceso a la financiación y educación
[11] Primera Asamblea Nacional de PDRR Panamá. 16 de septiembre de 2017, Santiago de Veraguas, Panamá
“Retos y Desafío de la Agricultura Indígenas, Campesina y Afrodescendientes”

27 de septiembre de 2017

Una verdad incómoda: el cambio climático

Alberto Acosta
Rebelión

"Hay que nombrar a los orígenes y a los causantes de estos problemas con transparencia y conectando sus principales nodos: extractivismos voraces, consumismo desbordado, contaminación imparable, desperdicios hasta programados, subsidios a combustibles fósiles, racismo ambiental, inequidades socioeconómicas…"

Septiembre de 2017

Irma, el gran huracán que azotó el Caribe y la Florida, trae a la memoria -de nuevo- una verdad incómoda: el cambio climático, inocultable más allá de los discursos elaborados desde el poder y la ignorancia. Fenómenos naturales cada vez mayores y más destructivos sacuden al mundo. Inundaciones y sequias, fríos y calores extremos, tanto como los recientes huracanes, son noticia cotidiana en todas las esquinas del planeta. Según afirma una gran mayoría de científicos, esos fenómenos naturales -cual jinetes climáticos del apocalipsis- son la consecuencia global del aumento de las temperaturas y de las variaciones climáticas extremas. Y esto recién empieza… La razón nos dice que esta cadena de catástrofes causadas por desórdenes climáticos severos debería demoler las posiciones negacionistas. Pero el tema no es fácil. El poder no suele regirse a la razón, peor a aquella de quienes imaginamos un mundo en paz y fraternidad. Más común es que la razón se atrofie a gusto y placer del poder.

Solo pensemos en posiciones como las de Donald Trump, para quien el cambio climático es un “cuento inventado por los chinos”. Semejantes lecturas, a ratos rayando en ridículas, en el fondo esconden los compromisos adquiridos con poderosos intereses . Y en este perverso mundo donde la postverdad es hija de la modernidad capitalista pura y dura, no faltan los “científicos” que encuentran otras explicaciones a estos fenómenos naturales. Tampoco faltan quienes están convencidos que los problemas se resuelven desde la tecnología y la técnica, ni quienes hacen ya números de las utilidades a obtener remediando lo destruido o construyendo obras para afrontar los próximos e inevitables y cada vez más dantescos fenómenos climáticos. Sin minimizar para nada la búsqueda de respuestas científicas al problema, es hora de politizarlo globalmente. No basta con que unos días los grandes medios prioricen la cobertura periodística de lo que está sucediendo. Para colmo su fugaz interés suele combinarse con reportajes sesgados. Además, repetir una y otra vez que “ya sabemos lo que se nos viene” es fútil.

Urge ir más allá y revisar todos esos hechos para establecer las correspondientes interrelaciones, sus causas y sus responsables, que sí los hay. No hay duda de que vamos a enfrentar nuevas tragedias. Debemos prepararnos, pero eso no basta. Cabe conocer los orígenes y alcances de estos complejos fenómenos, al tiempo que debatimos las políticas de la crisis que acabábamos de presenciar y también aquellas políticas radicales que necesitamos para prevenir -o al menos para minimizar- los impactos de nuevas crisis. Y, sobre todo, hay que nombrar a los orígenes y a los causantes de estos problemas con transparencia y conectando sus principales nodos: extractivismos voraces, consumismo desbordado, contaminación imparable, desperdicios hasta programados, subsidios a combustibles fósiles, racismo ambiental, inequidades socioeconómicas… Notemos, por igual, que los recursos presupuestarios disponibles para enfrentar esta avalancha en ciernes son exiguos al compararse, por ejemplo, con los enormes, dañinos e insultantes gastos en armas y seguridad represiva, causantes -a su vez- de graves problemas sociales, políticos e inclusive ambientales. En un línea similar estarían los multimillonarios recursos destinados a los salvatajes bancarios. Aprovechemos el momento para proponer soluciones globales profundas. Hay que impulsar medidas que reduzcan dramáticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, algo factible si disminuye el consumo y la extracción de cada vez más petróleo, carbón y gas; apoyando iniciativas como la propuesta -desde el Ecuador- para dejar en el subsuelo el crudo en el Yasuní. Requerimos repensar íntegramente nuestras ciudades y sus sistemas de transporte.

Igualmente necesitamos repensar el campo como proveedor crucial del alimento con el cual las sociedades sobreviven. Los patrones de consumo deben cambiar profundamente. En suma, la organización de las sociedades no puede seguir como hasta ahora: con grupos relativamente reducidos de población que consumen sobre sus capacidades -e incluso sobre sus necesidades- mientras el resto -casi la totalidad de habitantes del planeta- vive tratando de emular a los privilegiados, en un trajinar condenado a la frustración permanente.

Llamar las cosas por su nombre nos obliga a superar conceptos flacos de contenido, como aquello de antropoceno, una trampa nada casual. Hablemos sin rodeo de capitaloceno. No negamos que la Humanidad provoca los tremendos desajustes que hoy vive la Tierra, pero la responsable no es cualquier Humanidad, es la Humanidad del capitalismo. Una civilización que sofoca la vida tanto de los seres humanos como de la Naturaleza a fin de alimentar al poder que conocemos con el nombre de capital. Y en ese empeño de llamar las cosas como son, cabría renombrar a los monstruosos huracanes y fenómenos extremos por sus verdaderos nombres: Chevron-Texaco en vez de Irma, British Petroleum en vez de Harvey, Exxon en vez de María…

¡Solo la verdad servirá para construir nuestra emancipación!

Alberto Acosta es economista ecuatoriano. Expresidente de la Asamblea Constituyente y excandidato a la presidencia de la República del Ecuador. 

Fuente: Rebelión
 

11 de septiembre de 2017

Estrategias agroecológicas para enfrentar el cambio climático

Los agricultores familiares y de pequeña escala del Sur global se encuentran entre las poblaciones más vulnerables ante los impactos del cambio climático. Sin embargo, muchos de estos campesinos han mostrado estar mejor preparados y ser más capaces de adaptarse a estas cambiantes condiciones cuando emplean estrategias sostenibles; tanto aquellas que han heredado de sus tradiciones ancestrales como las que vienen sistematizando en diálogo con los técnicos y científicos que trabajan en el marco de la agroecología.


Por Miguel Altieri y Clara Nicholls

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) predice que este fenómeno llevará a una reducción de rendimientos en la mayoría de los países debido a alteraciones en la temperatura y en los patrones de precipitación. Las amenazas incluyen inundaciones de zonas bajas, mayor frecuencia y severidad de sequías y temperaturas calurosas extremas que pueden limitar la producción vegetal y animal afectando la seguridad alimentaria e incluso agudizando el hambre. De hecho, ya se estima que el cambio climático ha reducido los rendimientos globales de maíz y trigo en un 3,8% y 5,5% respectivamente. Muchos científicos predicen que el cambio climático agravará aún más las vulnerabilidades que experimentan los campesinos como resultado de la pobreza, la sensibilidad de sus localidades geográficas (áreas de secano, laderas, etc.) y su alta dependencia de recursos naturales. La conclusión prevalente es que la agricultura campesina es particularmente vulnerable por su condición de marginalidad y que, aunque los campesinos tengan experiencia en lidiar con la variabilidad climática, sus estrategias tradicionales para enfrentarla no serán suficientes para enfrentar la severidad de la variabilidad que se predice. Por lo tanto, el sistema oficial de investigación agrícola mundial plantea que el uso de nuevas tecnologías asociadas a la “agricultura climáticamente inteligente” (ACI) será fundamental para el futuro de la agricultura de pequeña escala. La ACI se enfoca en soluciones técnicas rápidas y basadas en insumos, enfatizando el uso de la ingeniería genética para desarrollar cultivos que resistan las condiciones climáticas más extremas. Al depender de pesticidas químicos y fertilizantes sintéticos, estas semillas transgénicas no son una opción sostenible para la mayoría de los productores vulnerables y pobres.

Si bien es cierto que muchas poblaciones indígenas y campesinas están particularmente expuestas a los impactos del cambio climático y son vulnerables, muchas comunidades están respondiendo activamente al clima cambiante y han demostrado innovación y resiliencia utilizando una diversidad de estrategias para enfrentar sequías, inundaciones, huracanes, etc. Los sistemas tradicionales ofrecen una amplia gama de opciones y diseños de manejo que incrementan la biodiversidad funcional en los campos de cultivo, y, por consiguiente, refuerzan la resiliencia de los agroecosistemas.

Muchas de las estrategias agroecológicas tradicionales que reducen la vulnerabilidad a la variabilidad climática incluyen la diversificación de cultivos, el mantenimiento de la diversidad genética local, la integración animal, la adición de materia orgánica al suelo, la cosecha de agua, etc. Estas innovaciones son la base concreta que las comunidades vulnerables pueden utilizar y movilizar para diseñar sistemas agrícolas que se vuelvan cada vez más resilientes a los extremos climáticos mientras esperan que se materialicen programas gubernamentales e internacionales de reducción de riesgos, sistemas tempranos de información climática, proyectos de prevención y mitigación de desastres, etc. (Nicholls y otros, 2015)

 
Además se encuentran disponibles metodologías amigables para los agricultores (www.redagres.org, www.socla.co) que les permiten identificar los sistemas que hayan resistido eventos climáticos recientemente y entender las características agroecológicas de esos sistemas que hicieron posible su resistencia o recuperación ante sequías, tormentas, inundaciones o huracanes. La idea es evaluar el nivel de resiliencia de cada finca y cuáles prácticas agroecológicas, conocidas y accesibles por la comunidad o existentes en comunidades cercanas, deben adoptarse y difundirse para mejorar la resistencia a la sequía y a las fuertes tormentas (Nicholls y Altieri, 2013).

Enfrentando las sequías

Variedades locales
El uso de variedades localmente adaptadas permite que los cultivos se adapten a una gama de condiciones climáticas. Al utilizar mejor el agua disponible, las variedades tradicionales generalmente rinden más que las variedades modernas bajo condiciones de estrés hídrico. Por ejemplo, en India –con respecto al uso de agua– las variedades locales de trigo tuvieron una producción tres veces más alta (620,94 kg/ha/cm de agua) que las variedades mejoradas (293,1 kg/ha/cm de agua). La creación de bancos de semillas comunitarios que recojan el rico germoplasma aún existente en una región tiene un valor estratégico.

Adición de materia orgánica al suelo
La continua incorporación de residuos de cosecha, compost y el uso de cultivos de cobertura o abonos verdes incrementan el contenido de materia orgánica del suelo, lo que a su vez incrementa la capacidad de almacenamiento de agua en el suelo, y esto, a su vez, mejora la resistencia de los cultivos a la sequía: por cada 1% de incremento de materia orgánica, el suelo almacena hasta 1,5 litros de agua por metro cuadrado. Investigaciones han mostrado que un incremento de materia orgánica de 0,5 a 3,0 % duplicó la cantidad de agua disponible para los cultivos.

Activación de la biología del suelo
Un suelo orgánico bien manejado contiene altas poblaciones de bacterias, hongos y actinomicetos (grupo de bacterias filamentosas similares a los hongos que mineralizan la materia orgánica que hongos y bacterias generalmente no degradan). Existe información sobre poblaciones bacterianas con más de cinco millones de individuos por gramo de suelo seco que ayudan a descomponer residuos y aumentan la disponibilidad de los nutrientes para las plantas. La presencia de hongos micorrízicos arbusculares (VAM por sus siglas en inglés; conocidos como micorrizas) que colonizan las raíces de muchos cultivos, es clave ya que estas incrementan la eficiencia del uso del agua, beneficiando a los cultivos bajo condiciones de estrés hídrico.

Cobertura del suelo
Al mantener la vegetación de barbecho se reduce la evaporación, lo que permite retener 4% más de agua en el suelo, equivalente a unos 8 mm adicionales de lluvia. Un estudio realizado en Centroamérica (Triomphe y otros, 1998) encontró que prácticas agroecológicas como los cultivos de cobertura y el mulching (acolchado o mantillo) pueden incrementar el almacenamiento de agua en el suelo entre entre 3 y 15%. La conservación de agua en el perfil del suelo hace que los nutrientes estén disponibles de manera inmediata, en sincronía con los períodos de mayor absorción de los cultivos.

Policultivos

Los datos de 94 experimentos con varias asociaciones de sorgo con guandul (Cajanus cajan, también conocido como frijol de palo o quinchoncho), demostraron que para un evento extremo particular, el monocultivo de guandul fallaría una de cada cinco veces y el sorgo fallaría una vez de cada ocho, mientras que el policultivo fallaba una de cada 36 veces. Los policultivos exhiben mayor estabilidad en los rendimientos y menores declives de producción que los monocultivos bajo condiciones de sequía. Al manipular el estrés hídrico se observó que los cultivos intercalados de sorgo y maní, mijo y maní y sorgo y mijo rindieron consistentemente más que los monocultivos en cinco niveles de disponibilidad de humedad. Es interesante notar que las diferencias relativas en la productividad de los monocultivos y los policultivos se fueron acentuando conforme aumentaba el estrés. En China la eficiencia del uso de agua en el cultivo de papas intercaladas con frijoles fue 13,5% mayor que en monocultivo (Francis, 1986).

Sistemas agroforestales
Cuando café y cacao se cultivan en sistemas agroforestales, un nivel de sombra de 40 a 60% de los árboles crea un microclima que protege a estos cultivos de las altas fluctuaciones de temperatura y también de las bajas precipitaciones, al reducir la evaporación de agua del suelo. En casos de extrema sequía, al perder sus cosechas muchos agricultores intercambian madera por alimentos y también complementan sus dietas con frutas, vainas y hojas de árboles resistentes.

Sistemas silvopastoriles
Las pasturas enriquecidas con altas densidades de arbustos forrajeros, árboles y palmeras pueden neutralizar los efectos negativos de la sequía. 2009 fue el más seco de los últimos 40 años en el valle del Cauca, Colombia, con una caída de 44% en las precipitaciones. A pesar de una reducción del 25% en la biomasa de los pastos, la producción de forraje de árboles y arbustos en la finca El Hatico permitió mantener constante la producción de leche, mientras agricultores de zonas vecinas reportaron pérdidas severas en la producción de leche y en el peso de los animales, además de altas tasas de mortalidad.

Enfrentando tormentas y huracanes

 
En las laderas centroamericanas los agricultores que utilizaban prácticas de diversificación tales como cultivos de cobertura, cultivos intercalados y agroforestería sufrieron menos daños por el huracán Mitch en 1998 que sus vecinos que producían monocultivos convencionales. Se encontró que las parcelas diversificadas tenían de 20 a 40% más cobertura vegetal, más humedad en el suelo y menos erosión y que experimentaron pérdidas económicas menores que las de sus vecinos con sistemas convencionales. En Chiapas los sistemas de café con sombra diversificada sufrieron menos daños por el huracán Stan en 2005 que los sistemas de café simplificados. En las zonas afectadas por el huracán Ike en Cuba, en 2008, los investigadores encontraron que en las fincas diversificadas las pérdidas de productividad fueron de 50%, en comparación con el 90 o el 100% que tuvieron los monocultivos vecinos. Al mismo tiempo, después de 40 días del huracán, las fincas diversificadas mostraron una recuperación de la producción de 80 a 90%, más rápida que las fincas de monocultivos. Todos estos estudios corroboran que al incrementar la materia orgánica del suelo los sistemas agroforestales mejoran la infiltración del agua; al proporcionar cobertura previenen la erosión del suelo, y que también muchos árboles actúan como rompevientos, disminuyendo la velocidad del viento y el impacto de las tormentas. Las raíces profundas y superficiales de los árboles también ayudan a estabilizar el suelo (Nicholls y otros, 2015).

Los policultivos de maíz con guandul incrementan la infiltración en el suelo –lo que aumenta el agua almacenada en el perfil y reduce la escorrentía– debido a una mayor cobertura y mejor estructura del suelo. En suelos que han sido manejados con policultivos durante cinco años consecutivos, la infiltración se incrementó de 6 mm/hora a 22 mm/hora y por lo tanto se reduzco en un 68% la cantidad de agua que corría ladera abajo (escorrentía) que, en los monocultivos, donde se redujo en 34%, los cuales experimentaron más erosión.

En laderas, los cultivos de cobertura como la mucuna o frijol terciopelo (Mucuna pruriens) cubren rápido el suelo con mucha biomasa (más de 10 t/ha) que fijan de 90 a 170 kg/ha de nitrógeno. Sobre esta biomasa se siembra maíz, lográndose producciones aceptables de 3,5 a 4,5 t/ha, a pesar de las variaciones climáticas.

 
Conclusiones

La agroecología plantea que para el diseño de una agricultura resiliente es necesario reincorporar agrobiodiversidad (mezclas de variedades, policultivos, agroforestería, integración animal, etc.) en las parcelas agrícolas, junto con prácticas de conservación y cosecha de agua, además de la restauración de los paisajes circundantes (gráfico 1). A nivel de paisaje la diversificación de la matriz debe ir acompañada de una serie de actividades complementarias necesarias para alcanzar los objetivos de la resiliencia socioecológica (cuadro 1).

En muchas zonas vulnerables los campesinos pueden recurrir a los sistemas agrícolas tradicionales que aún prevalecen y que representan depósitos de abundantes conocimientos sobre resiliencia ante los efectos de condiciones climáticas extremas. La cuestión es discernir qué principios y mecanismos han permitido a estos sistemas resistir y/o recuperarse de sequías, tormentas, inundaciones o huracanes. Estos mecanismos pueden ser descifrados utilizando las metodologías descritas por REDAGRES (www.redagres.org) en una serie de documentos que proporcionan herramientas fáciles para evaluar la resiliencia socioecológica de los sistemas agrícolas y así reforzar la capacidad de respuesta de los agricultores.

Muchas estrategias agroecológicas enumeradas en el cuadro 2 pueden ser implementadas en las fincas para reducir la vulnerabilidad a la variabilidad climática. Un paso clave es difundir con urgencia las prácticas de resiliencia utilizadas por los agricultores exitosos. La difusión eficaz de las estrategias agroecológicas determinará en gran medida qué tan bien y qué tan rápido podrán adaptarse al cambio climático los agricultores. La difusión a los agricultores de comunidades vecinas y otras en la región puede hacerse utilizando la metodología Campesino a Campesino, centrada en la evaluación del nivel de resiliencia de cada finca y basada en los valores de los indicadores específicos. Así es posible determinar qué prácticas adoptar y diseminar para mejorar la resiliencia de las fincas a los extremos climáticos (Henao y otros, 2016).

La capacidad de los grupos o comunidades para adaptarse frente a tensiones sociales, políticas o ambientales externas debe ir de la mano con la resiliencia ecológica. Para ser resilientes las sociedades rurales deben demostrar capacidad para amortiguar las perturbaciones con métodos agroecológicos adoptados y difundidos a través de la organización autónoma y la acción colectiva. Reducir la vulnerabilidad social a través de la ampliación y consolidación de redes sociales, tanto local como regionalmente, puede contribuir a incrementar la resiliencia de los agroecosistemas. La vulnerabilidad de las comunidades agrícolas depende de lo bien desarrollado que esté su capital natural y social, lo que a su vez hace que los agricultores y sus sistemas sean más o menos vulnerables a las perturbaciones climáticas. En las regiones donde el tejido social se ha roto el reto será rehabilitar la organización social y las estrategias colectivas en las comunidades, incrementando así la capacidad de respuesta de los agricultores para implementar mecanismos agroecológicos que les permitan resistir y/o recuperarse de los eventos climáticos. El rediseño de los agroecosistemas con principios agroecológicos conlleva a sistemas con propiedades deseables de resiliencia socioecológica (recuadro).

Miguel A. Altieri
Profesor emérito de agroecología, Universidad de California, Berkeley. agroeco3@berkeley.edu  

Clara I. Nicholls
Presidenta de la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (SOCLA) y Coordinadora Regional de Red Iberoamericana de Agroecología para el Desarrollo de Sistemas Agrícolas Resilientes al Cambio Climático (REDAGRES).

Referencias

  • Francis, C. A. 1986. Multiple Cropping Systems. Nueva York: MacMillan.
  • Henao, A; Altieri, M. A., y Nicholls, C. I. 2016. Herramienta didáctica para la planificación de fincas resilientes. Medellín, Colombia: REDAGRES/Instituto Humboldt.
  • Nicholls, C. I. y Altieri M. A. 2013. Agroecología y cambio climático: metodologías para evaluar la resiliencia socioecológica en comunidades rurales. Lima, Perú: Red Iberoamericana de Agroecología para el Desarrollo de Sistemas Agrícolas Resilientes al Cambio Climático (REDAGRES) / Gama Gráfica.
  • Nicholls, C. I.; Altieri, M. A.; Henao, A.; Montalba R., y Talavera, E. 2015. Agroecología y el diseño de sistemas agrícolas resilientes al cambio climático. Lima, Perú: REDAGRES.
  •  Triomphe, B.; Sain, G., y Buckles, D. 1998. Cover crops in hillside agriculture. Canadá: International Development Research Centre.
  • UNU-IAS, Bioversity International, IGES y UNDP. 2014. Toolkit for the indicators of resilience in socio-ecological production landscapes and Seascapes (SEPLS). Yokohama, Japón.